Como madre de Cristian, el papá de Uriel, Marta puso el pecho a la penosa situación junto a su consuegra. El nene estaba internado y sus posibilidades era escasas por lo que las dos mujeres se turnaban para estar cerca del bebito en la terapia neonatológica donde el respirador artificial y el arte de médicos y enfermeras lo acompañaban día a día en su lucha contra la muerte. “Para colmo, el primer Día del Niño que pasó tuvo un paro cardíaco porque se complicó su cuadro
por haberse contagiado de bronquiolitis dentro de la clínica” reveló Marta, quien de golpe se encontró en ese momento, después de haberlo hecho por última vez 29 años antes, con la responsabilidad de empezar a ejercer nuevamente el rol de madre
Uriel, un maestro
“Muchas veces me pregunté porqué me tocó a mí esto y creo que la respuesta pasa en que como ser madre fue lo más hermoso que me pasó en la vida, ante esta situación tan triste Dios me dio una una nueva oportunidad”, consideró Marta. De hecho sus condiciones son reconocidas por los propios vecinos porque en el edi cio donde habitan, donde Eduardo es encargado, a los pocos
días de tener a Uriel en casa una copropietaria le dijo a su marido que se quedara tranquilo porque el chiquito iba a estar bien, dado que Marta era una madre por naturaleza.
“Pero también es cierto que Uriel me enseñó mucho porque lo mucho que había aprendido con mis hijos, él me lo hizo ver de otra manera” por todas las complicaciones en torno a la salud de quien, como lo reconoce” fui la socia en esta campaña que llevó adelante para sobrevivir”.
Y mientras Marta cuenta la historia de ambos, Uriel juega con Eduardo en el ámbito del living de la portería del piso doce resuena una y otra vez el cariñoso “abuelita” como una versión cálida y personalizada que, traducida, signi ca muchas gracias por tanto amor.