¡Desapareció!
El médico puso el coche en marcha, enfurecido por la falta de respuesta concreta de la joven, pero dispuesto a averiguar la verdad, hecho que le intrigaba profundamente. Al acercarse a la dirección dada por la muchacha se encontró con una enorme casa con las ventanas cerradas. 'Ya hemos llegado', le dijo pero, con sorpresa, vio que en el asiento trasero... ¡no se encontraba nadie!
'¿Qué ha pasado? La chica no pudo haberse caído del coche... y tampoco está desmayada en el suelo del auto', exclamó el cada vez más intrigado doctor, para decidir, a continuación, tocar el timbre de la casa. Confuso, como nunca antes había estado en su vida, insistió una y otra vez a la espera de que la puerta se abriera. De pronto, apareció un hombre de pelo gris y aspecto cansado.'No se cómo decirle que cosa sorprendente me acaba de suceder -dijo el médico al atribulado propietario de la vivienda- una chica, muy joven, vestida con un traje de fiesta de color negro, muy bonita, me dio esta dirección hace un momento y me pidió que la trajera. Vine con mi auto hasta aquí y, al llegar... ¡había desaparecido del auto!, aunque no tuvo posibilidad alguna de bajarse.
El hombre, manifestando una profunda resignación, le contestó, intentando dar una explicación: 'Si, si, lo se -dijo-, esto mismo ha pasado ya otras veces. Es decir, todos los sábados a la noche de este mes... Esa chica, señor mío, era mi hija. Murió hace dos años en un accidente de auto en ese mismo cruce donde usted la encontró.
Cansado y triste
Hombre de ciencia, poco crédulo de este tipo de leyendas y sucesos paranormales, el médico observó a su interlocutor, que parecía estar cada vez más cansado... y triste. 'Eso es imposible -le dijo-, seguramente tiene que haber un error. Mire usted, señor, la chica debe haberse bajado del auto en algún momento, se habrá caído perdiéndose en el camino... ¡qué se yo! Creo que tiene que haber otra explicación coherente.
El hombre miró fijamente al médico y, haciéndose a un costado, le invitó a pasar al interior de la vivienda. 'Mire -lo increpó tomando un portarretratos que se hallaba sobre una mesa ratona- esta es la fotografía de mi hija, pocos días antes de morir, inesperadamente, en ese horrible accidente del cruce de la autopista y el kilómetro 12. Iba con su novio. El se salvó pero ella falleció en el momento'.
El doctor tomó la fotografía y su sangre se heló. Desde la misma lo miraba la misma chica que, un par de horas antes, había encontrado en su camino haciendo auto-stop. La misma a la que, ante su pedido, había llevado hasta la puerta de su casa...