Viví de los bichos que cacé para no pasar hambre", nos dice el boxeador cordobés, campeón argentino y sudamericano, cuyo salto a la gran fama llegó de la mano de Tinelli y su convocatoria para Bailando por un Sueño. El deportista y ahora actor, nos cuenta cómo la vida al aire libre estuvo desde siempre vinculada a su historia familiar y sus necesidades de contribuir a "llevar el pan a las casas". Una herencia de cazador y pescador que hoy transmite a sus hijos. Tercero de cinco hermanos, tuvo los mil oficios terrestres para ayudar a llevar el pan a su hogar: hombrear fardos, trabajar en la construcción y, claro, boxear profesionalmente. Pero el oriundo de Villa del Rosario nunca olvidó su vínculo con la naturaleza, esa que siempre le permitió llevar algo a la olla, fruto de la suerte con la escopeta, y eventualmente con la caña. "Mi papá se llamaba Alberto Aurelio Moli y él me empezó a llevar al monte a los 8 años. Teníamos 17 perros. Todos cazábamos, uno mejor que otro. Teníamos perros liebreros, teníamos perros vizcacheros, teníamos perros perdiceros e iguaneros. Cada perro se destacaba en algo. Yo he vivido de los bichos que cacé, nunca me morí de hambre, comí todos los bichos habidos y por haber, nunca pasé hambre porque sabía cazar. Toda la vida cacé, hasta vendí bichos. Cuando era muy chico cazaba ranas con la mano y un sol de noche. Después salía a cazar solito con los perros, sin escopeta. Fui aprendiendo cosas, como por ejemplo a bolear palomas. Les tiraba con las boleadoras a las bandadas y siempre alguna volteaba. Y después me las comía. A los 16 años recién mi viejo me dio una escopeta para hacer mi primer tiro. Era una Arca de un caño. Me la regaló. Nunca fui mas feliz", dice el actual actor de Soñando por Triunfar, en Villa Carlos Paz.