Los ladrones de rastas se han convertido en toda una "plaga" en Sudáfrica y hacen de todo para llevarse su preciado botín, que en algunos casos vale más de doscientos dólares. Las rastas requieren de varios años para crecer, pero mucha gente no quiere esperar. Y es esta necesidad por tener el pelo largo de forma instantánea que impulsa la demanda en el mercado negro. Los ladrones son rápidos y a veces despiadados. Usan cualquier cosa, desde un cuchillo hasta un pedazo de vidrio roto para robar el preciado cabello. La maniobra se conoce en la jerga callejera como 'cortar y correr', quedando en la mayoría de los casos, impunes.
Las bandas operan en Johannesburgo, la ciudad más grande del país, pero la práctica se ha extendido a la ciudad costera de Durban. Las rastas que llegan hasta los hombros se venden por entre 200 y 700 rand (entre U$S 22 y U$S 76), mientras que las más largas pueden costar hasta 2.000 rand (U$S 220).