Armamos las de 4 metros, en nuestro caso unas Tech Karma y una Shimano Sojurn, excelentes cañas livianas y resistentes para soportar los embates de las lisas. Las encontramos acardumadas en un día de suave viento noroeste, con 25 grados de máxima tras una mañana fresquita. Por eso los piques empezaron recién después de las 10 de la mañana, donde la línea de cuatro boyitas yo-yo de 25 mm (con brazoladas de 5 cm.) rematada con una boya zanahoria pasante y un plomo de 25 gramos en un chicote de 60 cm., empezó a tener actividad constante.
La pesca
Lo mejor es que pese al movimiento constante de lisas, los piques no se daban todo el tiempo y había que estar atento al movimiento de las boyas porque no daban mayor tiempo a la clavada. Allí se vio la mano del guía, acostumbrado a esta especie, quien marcó la diferencia. Fue una sucesión de piques, más o menos espaciados, como dijimos, hasta las 16, donde entre todos (4 pescadores) contabilizamos 25 ejemplares afuera del agua. Las mejores carnadas fueron el corazón y la panza de lisa coloreadas.
La embarcación la usamos para movernos un par de veces, pero en rigor de verdad, si nos hubiésemos quedado en el primer desborde que elegimos, hubiésemos hecho la misma pesca de lisas de gran tamaño, pues todos los ejemplares fueron del kilo y medio a los dos kilos y medio. Conservamos algunas para consumo en un vivero (suerte de jaula para mantenerlas vivas en el agua) y devolvimos unas cuantas.
Según el guía, marzo es el mejor mes para pescar lisas grandes. Así las cosas, cuando muchos empiezan a pensar en el pejerrey, vale la pena usar las mismas cañas de 4 metros para hacerle una despedida a la lisa, que sigue muy activa y comiendo con firmeza. Y así continuará si no baja mucho la temperatura de golpe.