03 de junio 2011 - 00:00
El culto a la otra vida
El 2 de noviembre de cada año las distintas razas y religiones celebran el culto a la otra vida con ceremonias en las que se combinan ritos paganos y cristianos. Para los antiguos mayas el Día de Todos los Muertos era una jornada para rendir culto a la inmortalidad del alma y a la vida de ultratumba. A los ritos paganos de las comunidades indígenas se unen muchas costumbres españolas, como la de adornar con flores las puertas y las ventanas, y colocar junto a los altares familiares ofrendas de agua, velas, pan, frutas y aguardiente. En Yucatán la celebración del Día de Todos los Muertos se prolonga durante siete días, en los que se reza mucho y se preparan ofrendas con las llamadas ‘comidas de las almas’. Las tumbas se adornan con flores y en los altares de las casas se colocan roscas dulces, agua, cigarrillos y la comida preferida del difunto, mientras que a la madrugada todo el pueblo participa de la gran quema de cohetes, que anuncia que las almas han partido. En la ciudad de Nacajuna, en Tabasco, el día de los muertos comienza con la quema de incienso y el rezo del rosario, y con oraciones de las que únicamente participan los hombres, dirigidos por un guía de rezos.