Según el Diccionario de la Real Academia Española, significa “hacer una cosa con desbaratamiento, sin orden ni concierto”. Es una frase muy antigua, que se encuentra ya en Don Quijote en los versos truncos, de cabo roto, que dirige Urganda la Desconocida, en la parte poética preliminar de la novela. Por cierto que entonces Cervantes, jugando con el vocablo, emplea esta segunda imagen no sólo como expresión adverbial sino en su simple sentido, llamando tontas y locas a las doncellas que se entretenían en vanas locuras. Algo parecido pasa con la historieta atribuida al dramaturgo contemporáneo Jacinto Benavente, a quien, habiéndole propuesto unas damas que pronunciara una conferencia en un club femenino, allá por los años veinte del siglo pasado, contestó que no le gustaba improvisar, hablar “a tontas y a locas”, jugando con el sentido literal y el sentido adverbial del vocablo. Sin embargo, hemos de añadir que esta anécdota, como tantas otras, ha sido atribuida a Jacinto Benavente un tanto a la ligera.