Las primeras corridas de toros se realizaron en el Río de la Plata a comienzos del Siglo XVII, y tuvieron por escenario a las “plazas mayores” de las incipientes ciudades, despejadas y embanderadas para tal efecto como en los días de festejos solemnes. En las primitivas corridas participaban los caballeros y personajes pertenecientes al linaje y que ocupaban cargos en reemplazo de los profesionales españoles, cuyo arribo a nuestras costas, por distancia y por falta de ruedos estables, se producía con muy poca frecuencia. Las corridas de toros se combinaban habitualmente con “juegos de cañas” y con otras destrezas ecuestres. Buenos Aires tuvo su primera plaza de toros, la de Monserrat, en 1791, luego debió ser demolida por las insistentes quejas de los vecinos y fue reemplazada en 1799 por la del Retiro, construida según el diseño del maestro carpintero Francisco Cañete.