"Me quedo en pesos o compro dólares", gritaban en las grises veredas de la city porteña. Un operador, pese al fin de la ola de calor, igualmente transpiraba la frente y con su corbata sofocaba su estado. En cambio, en otro lugar de Buenos Aires, con el tango Por Una Cabeza de fondo, y la voz del más grande de los grandes, Carlos Gardel, una muchedumbre llena de goce y alegría, apostaban sin cesar, tras haber ganado en las quinielas de todo el día. El 34 en dos oportunidades, el 35 y 18, el 55.