San Gregorio Nacianceno, que se conmemora el 20 de noviembre, nació en Nacianzo, Cappadocia, el actual territorio de Turquía, en el año 363. Perteneció a una familia de santos. Su padre, San Gregorio El Mayor, fue un judío converso, obispo de Nacianzo durante 45 años; su madre, santa Nona y sus hermanos, santos Cesáreo y Gorgonia. En este punto se podría reflexionar sobre el origen del celibato sacerdotal...
San Gregorio estudió en Palestina donde conoció a San Basilio, y luego se instruyó en leyes en Atenas, durante diez años. A los 30 años decide volver a su ciudad natal, donde junto a San Basilio pasa dos años de recogimiento y vida en soledad. Como su padre era anciano, volvió para ayudarlo en la administración de la diócesis. Fue ordenado contra su voluntad por su padre en 362. Huyó para volver a la vida monacal con Basilio, pero al poco tiempo regresó a sus responsabilidades como sacerdote. Escribió una apología sobre las responsabilidades del sacerdote. Fue obispo de Constantinopla, y se distinguió por su brillante oratoria, por su capacidad de convicción, por el orden que consiguió poner en las ideas en un tiempo de convulsiones ideológicas, por las grandes conversiones. Tal era su fama de orador, que muchas personas, entre ellas San Jerónimo, autor de la primera traducción latina de la Biblia, acudían de lugares remotos a oír sus sermones. Sufrió mucho por difamaciones y persecución de los arianos y otros herejes. Alrededor del año 384 se retiró. Fue entonces que escribió sus famosos poemas y su autobiografía. Murió en su ciudad natal.