29 de junio 2011 - 00:00
“Ser una esfinge”
Aquellas personas que son muy reservadas y guardan absolutamente todas sus cosas en secreto, suele comparárselas con una esfinge. Según una leyenda griega, que recoge Sófocles en Edipo Rey, una esfinge merodeaba por la región de Tebas proponiendo a los viajeros un enigma y dando muerte a quienes no lo resolvían. A Edipo, hijo del Rey Layo y de Yocasta, le preguntó: “¿Cuál es el animal que anda en cuatro pies por la mañana, en dos al mediodía y en tres a la tarde?”. Edipo contestó: el hombre. De niño gatea, cuando es mayor anda en dos pies y en la vejez se apoya en un báculo. La esfinge, al ver descifrado el enigma, se arrojó a un precipicio. Los seres humanos, a los que se califica de esfinge, no tienen en común con las antiguas, más que el misterio que se les atribuye. Sus enigmas cuando se conocen, casi siempre causan una decepción.