Como hemos visto en notas anteriores, los romanos eran adictos al juego. Entre ellos, los más populares eran los de dados. Los llamaban “Tesserae” y tenían un tipo con sólo cuatro caras marcadas llamado Tali. La única diferencia entre estos dados romanos y los dados modernos es que los números se colocaban de modo tal que dos de los lados adyacentes sumaban siete. Se agitaban los dados en una taza y luego se echaban, como hacen hoy los croupiers. Se ponían las apuestas de la misma manera como las ponemos hoy. Los griegos jugaban con tres dados, pero los romanos jugaban con dos, salvo para ciertos juegos de tablero. Este juego se practicaba en las tabernas así como en los garitos, burdeles y en la calle. El emperador Cómodo era aficionado a jugar por dinero a los dados, y una vez convirtió al Palacio Imperial en un burdel y en un garito para recaudar el dinero para el tesoro que él mismo llevó a la quiebra por su adicción a los “huesitos”.