Una de las características más sobresalientes de los gatos es que son ante todo independientes. También se manejan con diplomacia, son cariñosos y avezados cazadores. Pero hay que tener en cuenta que como en todas las razas, hay distintos temperamentos, y que entre ellos habrá que buscar el que más se acerque a la forma de vida y las costumbres familiares.
Los tímidos generalmente se mantienen a distancia por un buen tiempo y en el primer encuentro se retirarán a su rincón para observar desde ese lugar a los integrantes de la familia. El primer contacto que hay que establecer con ese gatito tímido, debe ser muy cauteloso. Sin embargo una vez que se rompa el hielo, se transformará en un animal muy apegado a la familia, aunque seguirá desconfiando de los desconocidos.
Es importante no decepcionarlo porque resultará muy difícil recuperar nuevamente su confianza. Lo mejor será mimarlo, tratarlo con cuidado y hacerle caricias con suavidad.
Los extrovertidos son aquellos gatos que no tienen nada de temor frente a la presencia del hombre. Luego de una etapa de retraimiento, suelen acercarse amistosamente y se dejan acariciar. No debe resultar asombroso si repentinamente deciden refugiarse cómodamente entre los brazos de sus dueños. Suelen ser activos, curiosos y juguetones con los niños. Eso si, mientras no le tiren la cola y en tanto se le respeten sus largas horas de siesta. Aunque su comportamiento es abierto, un gato nunca soportará ser cargoseado. Ante esta personalidad, lo mejor será que sea él quien se acerque voluntariamente a jugar o pedir mimos.
Los gatos tranquilos son ideales para las personas a quienes les agrada disfrutar de la calma y el sosiego, ya que se sentirán estrechamente identificados con este tipo de gatos. El temperamento de estos felinos hace que se vean equilibrados y que se lleven muy bien con sus congéneres. Ellos se toman su tiempo para relacionarse con el hombre, pero no porque sientan temor, sino porque les gusta hacerlo con calma y sin apuro. Son compañeros ideales para viajes, debido a que les encanta pasar largas horas en su canasto sin maullar. Este tipo de felinos nunca padece de estrés, porque parecen no inmutarse con nada. No son retraídos, les encanta observar desde sus dominios.
Los caprichosos son más bien sensibles y susceptibles, porque enseguida se toman todo a pecho, y su "enojo" puede durar horas. Y cuidado con que alguien quiera quitarle algo que él había visto antes, porque dispone de muchas artimañas para dejar bien en claro quién es el que manda en casa. No es un gato para gente ruidosa debido a que es nervioso y asustadizo. Aunque algunos científicos señalan que los colores podrían determinar el carácter de estos felinos, aun no se ha llegado a una conclusión. La mejor es solo observarlo para aprender de él y así el también asimilará las costumbres del hogar. Dentro de las variables del temperamento también se deben considerar todas las características hereditarias, incluyendo su adaptación, que dependerá de la edad del gato ya que si es joven tardará poco en adaptarse al cambio de hogar. En cambio si el animal ya es grande, la adaptación será un poco más complicada debido a que ya se formó su carácter en el ambiente donde se desarrollaba, y por lo tanto será necesario encontrar la forma adecuada de tratarlo. Dentro de esta clase de gatos también se encuentran los temerosos, que son los que tuvieron malas experiencias en su relación con el hombre, y puede tener miedos que lo obliguen a esconderse constantemente. Y los gatos difíciles, que suelen arañar y morder cuando se los intenta agarrar.i
-La cohabitación con otros gatos puede ser altamente estresante para un gato, incrementando la posibilidad de que padezca problemas de salud o de comportamiento.
Los gatos también son animales solitarios, además de independencia necesitan privacidad. No les suele gustar compartir su territorio con otros individuos, sean estos otros gatos, otras mascotas o personas. Erróneamente se suelen tratar a los felinos como a un grupo capaz de compartir los recursos de una forma igualitaria. En realidad, ellos viven de una forma más independiente, con poca interacción entre ellos. En estos casos, cualquier interacción a la que se vean obligados, puede ser una fuente de conflicto, como por ejemplo, compartir la bandeja de arena o los comederos. Cuanto mayor sea el número de gatos en la casa, peor puede volverse la situación.