Si se observa con atención las reacciones de los perros, seguramente se podrá llegar a conocerlo lo suficiente como para adivinar con bastante exactitud qué le sucede, qué quiere transmitir con tanta insistencia o qué es aquello que está ocultando. Para tener una aproximación lo más certera posible y saber interpretarla, será conveniente analizar las señales más significativas. Un perro que no ladra es como una radio sin parlante. La potencia del ladrido constituye una valiosa fuente de información: los tonos bajos representan amenazas, principio de ataque e, incluso, rabia. Sin embargo, también hay que considerar el tipo de actividad: si está jugando, un ladrido bajo podría ser síntoma de diversión. Por ejemplo, el ladrido agudo y corto durante la disputa de un objeto significa que está concentrado y que su objetivo es, sin duda, ganar la partida. Por otro lado, cuando la modulación es alta, se intuyen situaciones de dolor, miedo o, incluso, alegría, como cuando adoptan un tono casi "cantarín".
En cierto modo, el perro emplea el tono de manera similar al hombre: utilizamos un timbre bajo cuando estamos tristes, sonoro en los enojos y alto cuando se expresa dicha o algún otro sentimiento de satisfacción, según explica la española Marta Morales, especialista en conducta animal.
También es importante valorar la frecuencia y duración de los ladridos. Si estos son largos y distanciados entre sí, lo más probable es que el perro esté con muchas ganas de ponerse a jugar; y si además esta actitud va acompañada de movimientos rápidos o pequeñas carreras, no hay duda, necesita salir a la calle. Por el contrario, si los ladridos son rápidos y continuos, es posible que intente comunicar su preocupación y nerviosismo.
Una situación de alerta provocará en él modulaciones continuas y rápidas, siempre en un tono intermedio. De esta forma anuncian que algo o alguien desconocido se acerca a su territorio.
Los ladridos que se interrumpen, con intervalos más o menos largos entre uno y otro, significan que el animal quiere averiguar quién o qué está merodeando por su lado.
Cuando un perro quiere poner fin a una situación que le desagrada, modula un ladrido agudo y muy breve. En ocasiones también es un imperativo: "Necesito salir a la calle" o "me muero de hambre".
Con relación a los gruñidos, no todos se pueden interpretar como una amenaza. Esta forma de expresión incluye desde el placer extremo hasta la ira más salvaje.
La estoy pasando de maravilla: cuando un perro gruñe suavemente y su expresión no deja al descubierto los dientes, sólo puede ser síntoma de placer. Más aún cuando los gruñidos se mezclan con ladridos entre cortados.
Tengo miedo: los perros sólo conocen una forma para expresar temor o inseguridad, y ésta consiste en emitir gruñidos irregulares que van variando la intensidad.
Apártate de mi lado: un perro enojado que quiere lanzar una advertencia a su contrario emitirá un gruñido suave y constante. Según va subiendo la frecuencia, aumenta la amenaza hasta llegar a un gruñido sonoro, con colmillos descubiertos y actitud amenazante: el combate va a empezar.
En cuanto a los aullidos, algunos sobrecogen, y otros sólo se emiten para llamar la atención.¡Cómo me duele! Si a un perro le pisan la cola, emitirá un aullido alto y muy breve, equivalente al ¡ay!, humano. Es la respuesta a un dolor que le ha llegado por sorpresa.
Me muero de miedo: exactamente igual que el anterior pero acompañado de actitudes temerosas (encogimiento, cola entre las patas, etc.)
¡Quiero jugar! Cuando los aullidos son repetitivos, entrecortados y se emiten en un tono ascendente, el perro intenta llamar la atención del amo para que éste se una a la diversión.i
Para averiguar qué sucede, es necesario apoyarse en factores externos: bajas temperaturas, estado de soledad. Cuando el que gime es un adulto, tiene otras connotaciones: lo más probable es que esté deseando jugar o que tenga necesidad de salir a la calle.
Los suspiros indican claramente decepción o placer en la mascota y en esto no hay vuelta de hoja: un suspiro significa decepción o placer.
Cuando el aire se expulsa con los ojos abiertos, el perro está manifestando su decepción: algo que él estaba seguro de que iba a ocurrir, no ha sucedido. Si por el contrario el animal entrecierra los ojos, su estado es de total felicidad: todo lo que lo rodea le produce placer.
En cambio el rugido es el lenguaje de los ejemplares de caza, que así demuestran su poderío y seguridad.Si el rugido va acompañado de aullidos, el animal está diciendo algo así como "aquí estoy". Los perros muy mimados que se enfrentan a una situación de disgusto intentan, de esta forma, salirse con la suya.