Mercedes Carreras no es amiga de las generalizaciones. No cree en las recetas de la felicidad. Con los años aprendió a distanciarse del deber y aproximarse al placer. Está preocupada por el futuro de la juventud. Afirma que a estas alturas de la vida está curtida, pero aún no ha perdido la capacidad de asombro. Habla una actriz a la que el miedo no le hizo mella.
-Para mí, el miedo es como una sensación de inferioridad, como no poder solucionar algo. Existen distintas clases de miedos. Hay miedos mayores y miedos menores, miedos cotidianos y miedos profesionales.
-Mis miedos cotidianos tienen que ver con el padecimiento de enfermedades lógicas. Te diría que mi temor más denso está vinculado con determinadas situaciones límite. También me da miedo no poder atenuar el dolor de los demás.
l En su vida, ¿ha atravesado por situaciones límite?-Imagino que se incendia mi casa, o que estoy viajando en un avión y no tengo la certeza que va a llegar a destino, intuyo que esas cosas deben ser tremendas.
l Cuando se le hace presente un hecho que le genera temor, ¿cuál es su conducta habitual?-No tengo un patrón determinado. Quizá si le pasa algo a otro tiendo a paralizarme. Es más, mi gran temor respecto a los demás pasa por no poder ayudarlos o no tener en claro si estoy haciendo lo correcto al socorrerlo. Esa sensación me provoca miedo.
l ¿Alguna vez dejó de hacer algo que se había propuesto por sentir temor?-Nunca. He sentido miedo frente al dolor de otros, pero no dejé de hacer nada. Hasta la fecha, puedo decir que he sido una mujer afortunada en cuanto a mi salud. No he pasado por situaciones terribles que me pusiera ante la disyuntiva de tener que tomar alguna decisión crucial.
l Actualmente, ¿cuáles son los miedos que la circundan?-No sé si se trata de un mecanismo de defensa, pero siempre intento llenar mi mente de cosas positivas. Hoy, cuando abrís las páginas de un diario, no vivís. La realidad es muy dura. Día tras día suceden en el mundo hechos tremendos cuando, en verdad, no deberían ocurrir. Declamamos comprensión, entendimiento, unión y en, líneas generales, sucede todo lo contrario, lo cual es horroroso. Si pensara en eso, me quedaría paralizada. No saldría de mi casa. En medio de ese panorama, a mi no me queda otra opción que olvidarme de esas cosas para subir al escenario y hacer reír a la gente. De todos modos, hay circunstancias que aterran y frente a ellas me pregunto qué puedo hacer.
l ¿Y qué se responde?-Que soy una mujer auténtica, frontal y transparente, con virtudes y defectos, como todo el mundo, que no se cree ni la mejor, ni la peor. Soy lo que soy. Al que le guste, bien y al que no, paciencia.
l Por último, ¿qué es lo que más la acerca a la felicidad?