Todas las cámaras esperaban posarse sobre Neymar, la última joya del fútbol brasileño, pero apareció el delantero Oribe Peralta. El actor de reparto se convirtió en protagonista a los 28 segundos, cuando concretó la apertura del marcador, aprovechando un error del lateral derecho Rafael.
El delantero de Santos Laguna, al que seguramente ahora le lloverán ofertas de Europa, también metió el segundo tanto a 15 minutos del final. Brasil mostró todas las falencias que tuvo en defensa, cuando un centro desde un tiro libre encontró a Peralta solo para meter un cabezazo fuerte y esquinado.
Peralta tuvo otro grito, pero fue anulado por offside, en un momento en el que los aztecas tuvieron una ráfaga de posibilidades, incluyendo una pelota en el travesaño tras una improvisada chilena de Marco Fabián.
Sobre el final, Hulk metió el descuento con un derechazo cruzado que encontró poca resistencia del arquero Jesús Corona.
El mismo delantero metió un centro que le podría haber dado el heroico empate al conjunto de Mano Menezes, pero Óscar cabeceó por arriba del travesaño.
De Neymar poco y nada. En el primer tiempo no logró la forma de pasar la doble o triple marca mexicana y perdió varias pelotas. En la segunda mitad, mucho más libre, tuvo un par de oportunidades pero ninguna generó un gran peligro.
Sonó el silbato del árbitro británico Mark Clattenburg y los mexicanos festejaron la hazaña con todos los elementos de una fiesta azteca: banderas, grandes sombreros y música.
En tanto, en Brasil quedó el desconsuelo y la tensión entre los jugadores. A cinco minutos del final, los defensores Juan y Rafael intercambiaron gritos e insultos, en lo que fue la muestra más clara de la falta de respuestas que tuvo el equipo.
Con la derrota, el pentacampeón mundial logró la medalla de plata, mismo resultado que tuvo en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988. Su currículum olímpico se completa con el bronce en Atlanta 1996 y Beijing 2008.