A muy pocos días del arranque del Mundial, una duda siempre renovada y casi nunca resuelta de manera definitiva vuelve a posarse sobre quien debería ser el primer punta de la Selección. Los candidatos para quedarse con esa función son Agüero e Higuaín. Las películas del pasado que el goleador de la Juventus no logra superar. El potencial del Kun que en muy pocas oportunidades logró desarrollar en sintonía con Messi. La mejor opción.

Dudar entre Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero parece desde hace años un deporte nacional que siempre da tela para cortar. Todos los entrenadores que pasaron por la Selección desde el 2010 en adelante (Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y ahora Sampaoli) se encontraron con el mismo dilema: tener que optar un poco más tarde o un poco más temprano, entre Higuaín y Agüero, aunque vale consignar que en varias oportunidades jugaron juntos.

Plantear a esta altura que son distintos y que tienen diferentes características se asemeja demasiado a una gran subestimación intelectual. Sin embargo, las dudas en los técnicos que dirigieron a la Selección, persiste. Y persiste tanto (Sampaoli parece ser uno más en esta larga lista de indecisos crónicos), que abruma semejante grado de indefinición para elegir a un titular y a un eventual suplente.

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El caso particular de Higuaín ya adquiere connotaciones que caminan por afuera de los límites estrictos del juego. Cuesta entender que le ocurre al goleador cada vez que viste la camiseta argentina. Cuesta interpretar sus movimientos muy próximos a la torpeza, su escasísima ductilidad ofensiva para buscar una pelota profunda y su ineficacia extrema en momentos decisivos. No es que desconozcamos sus aportes y sus goles en todos los clubes en los que jugó y juega, como ahora en la Juventus.

Pero es indudable que le pesa la Selección. Que aquellas situaciones de gol que no pudo aprovechar (en especial en la final de Brasil 2014 ante Alemania y en la Copa América de 2015 y de 2016 ante Chile), no las logró metabolizar de la mejor manera.

Para un goleador que se precie de ser un gran especialista, dilapidar posibilidades claras que pueden determinar una consagración o una frustración, tiene severas consecuencias anímicas que después se expresan en la cancha. El que no las quiere ver que no las vea, pero en este caso son más que evidentes.

La realidad es que juega disminuido y condicionado Higuaín en la Selección. Como si no estuviera pleno. Como si tuviera que convencer y convencerse (esta debilidad existencial es la más influyente) de que está a la altura de las circunstancias. De que puede ser titular sin encontrar ahí nomás la sombra amenazante de un compañero que en cualquier momento lo va a reemplazar apurando su estadía en el banco.

Todo esto transmite Higuaín. Esa sensación intransferible de que su presencia siempre está agarrada con alfileres. Porque en la jugada clave ya falló en varias ocasiones, como puede fallar cualquiera. Hasta Messi, como por ejemplo frente a Alemania en el Maracaná, cuando quedó solo ante Neuer y la cruzó desviado al segundo palo. Pero lo que proyecta Higuaín es que las viejas o nuevas películas del pasado reciente parecen asfixiar seriamente sus posibilidades futuras. O los partidos que él todavía no jugó.

Messi con Argentina en Barcelona
Lio y el Kun en la Ciudad Deportiva Joan Gamper
Lio y el Kun en la Ciudad Deportiva Joan Gamper

El Kun Agüero, por su parte, tampoco puede sacar chapa de delantero iluminado con la Selección. No lo fue. Siempre su respuesta fue más potencial que efectiva. Potencial en el rubro de su calidad indiscutible para resolver a favor de su gambeta y de su inteligencia para fabricarse los espacios mínimos en los últimos metros de la cancha. En ese territorio se manifiesta su fortaleza.

Y por supuesto también entra en juego su permanente y reivindicada sintonía fina con Messi. Sintonía que no es verso, aunque en Sudáfrica 2010 cuando fue suplente y en Brasil 2014 cuando fue titular y suplente, no se reveló en relación al fútbol creativo que pueden desarrollar.

Es Agüero en las sumas y restas que tiene todo jugador, el punta ideal para asociarse con la versatilidad extraordinaria de Messi. Aunque esta radiografía futbolística que dibuja lo ideal no haya producido encuentros inolvidables entre ambos en compromisos fundamentales. Lo que estalla a la vista es que Messi, aunque no lo diga en forma explícita, quiere tenerlo por delante a Agüero. Porque entre otras cosas que trascienden la amistad que se profesan, hay una sensibilidad en el toque y la descarga que con Higuaín, Messi no tiene.

En este punto central, Agüero le cierra mucho más a la Selección. Porque representa como ningún otro delantero del fútbol argentino la posibilidad de armonizar o conectar con Messi. Esta es la ventaja significativa que dispone el Kun desde que frecuentó a Messi. La que lo ubica por encima de esta versión tan errática e insolvente de Higuaín.

Y la que podría enfocarlo como la primera opción en el arranque de Argentina el sábado 16 de junio ante Islandia. ¿Y después? El día después del 16 de junio se verá...

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