Ahora bien, ¿hubo alguna falencia en lo fue un recital verdaderamente histórico? Claro que sí: algunos pifies, algunas entradas tarde de Pil, algunas dudas, algunas desprolijidades en la performance general, propias de una banda que no toca hace más de un cuarto de siglo. Pero, si no hubiera algunas fallas, ¡esto no sería punk rock!
De todas formas, cualquier error sucedido fue totalmente tapado por la arrolladora energía y entusiasmo de los cuatro: se notaba a las leguas que la estaban pasando como hacía mucho no lo hacían en un show.
Gramática y
Zelazek sostuvieron el edificio como siempre. Pil hizo aparecer al Pil de antaño, tanto en el aspecto vocal como en su despliegue escénico. Y Stuka, simplemente, la rompió, y volvió a demostrar por qué es el mejor guitarrista punk argentino de todos los tiempos (junto, quizás, al fallecido
Gamexane de
Todos Tus Muertos) y por qué, sin él, Los Violadores no pueden ser Los Violadores con todas las letras.
"No nos esperábamos esto, muchas gracias", repitieron varias veces hacia el final, visiblemente emocionados. Y el público, en su cabeza, también lo hizo. Quien diría que, tanto tiempo después, íbamos a poder ver a los verdaderos Violadores como aquella primera vez. Por eso dejamos el Luna al grito de "vamos a volver". Y, por eso, nos preguntamos: ¿y ahora qué pasa, eh?