03 de diciembre 2014 - 18:41
La Banda del Tiburón se adueñó del Etchart
Hubo casi 300 hinchas del equipo de Don Torcuato que sacaron a relucir toda su cotillón, aunque al final no pudieron festejar la victoria.
la banda del tiburon se adueno del etchart
No les faltó nada. Llevaron todo el cotillón y se hicieron sentir. Tiñeron todo de azul y verde, y a puro bombo marcaron territorio en el mítico Héctor Etchart. La Banda del Tiburón ocupó la popular oeste del gimnasio de Ferro Carril Oeste y ganó con amplitud el partido del aliento. Enfrente, apenas unos cuantos plateístas y varios chicos que llegaron con el juego ya avanzado, les hicieron escasa oposición. 

Fueron más de 200 los hinchas de Caza y Pesca que atronaron durante casi todo el encuentro, al igual que tres días antes lo habían hecho en la epopeya del tercer playoff con Racing, allá en Avellaneda. Solo replegaron sus voces a pocos minutos del final, cuando comprendieron que el marcador era irremontable. Pero que no dudaron en agradecer la entrega de sus jugadores ni bien sonó la bocina decretando el final.

Banderas, paraguas, bombos, los clásicos papelitos para recibir al equipo, las caras pintadas de azul y verde. Y hasta el tiburón inflable, que saltó como un hincha más en la tribuna. La gente de Torcuato armó una fiesta de color, calor y pasión. No tuvo el desenlace esperado. Pero sabe que a esta historia aún le faltan capítulos. Esta noche, la cita será en el Rotili. Y la casa del Granate seguramente se vestirá de azul y verde. Una marea que lleva su propio tiburón.

Una dupla arbitral sin nivel
El partido en el Héctor Etchart, que abrió la serie final del torneo de la FEBAMBA, estuvo a minutos de no jugarse por el inesperado recrudecimiento del conflicto entre los árbitros y la Federación.

Los jueces propusieron que los partidos de la serie fueran dirigidos por tres árbitros, pero desde la entidad rectora no aceptaron. Así, los árbitros decidieron no presentarse y el encuentro fue arbitrado por dos jueces de menor categoría, que suelen actuar en las divisiones formativas y con nula experiencia en Primera y menos en finales.

Representantes de ambos clubes mantuvieron reuniones ante este imprevisto y, en principio, habían resuelto no jugar, presentando una nota aclaratoria en la Federación. 

Quedaron en medio de un conflicto ajeno que los perjudicaba. Tanto la gente de Caza y Pesca como la de GEBA consideraban, con razón, que no era serio que la final la dirigieran jueces sin experiencia. 

Es que pasaban de ser dirigidos por jueces de Liga Nacional y hasta con presencia en Mundiales (Pablo Estévez, Fernando Sampietro, Diego Rougier, entre otros que pitaron en los playoffs), a ser controlados por referís que están haciendo sus primeras armas. Aunque, finalmente, decidieron que los equipos se presentaran.

Y, lamentablemente, la labor de los árbitros no pasó inadvertida. El juego se inició quince minutos después de los previsto, porque uno de los jueces se había olvidado su vestimenta. Luego, por momentos se vieron desbordados por la intensidad y las fricciones lógicas del juego, cobrando varias faltas dudosas, especialmente a los hombres altos de Caza y Pesca.