Una vez allí, Gloria, una de las trabajadoras sociales, es quien comienza a establecer un vínculo con ellos a través de charlas individuales y grupales. A las 23, luego de la cena y varios juegos de mesa, deben acostarse a dormir, aunque muchos estén acostumbrados a no tener ese tipo de horarios. "Muchos de ellos, tienen una vida poco estructurada, entonces hay que hacer un equilibrio entre ser laxo y muy rígido con los horarios", comenta la subsecretaria.
A la mañana siguiente se levantan a las 8 para desayunar con algunas facturas y panes que los vecinos y comerciantes del barrio donan al refugio. Los que tienen alguna actividad fija, como los cuidadores de coches, son los primeros en abandonar el lugar; mientras que los demás, aprovechan el horario completo hasta las 10.
En muchos casos, el único impedimento que presentan algunas personas para trasladarse al refugio, es la preocupación por la seguridad de su mascota o alguna de sus pertenencias, por lo que en esos casos, se recurre a la solidaridad de los vecinos para que cuiden de todo hasta el día siguiente.
El siguiente objetivo del refugio es restituir derechos, lograr que la persona vuelva a ser independiente en el sentido de poder alquilar una casa, terminar el secundario, revincularse con su familia y mantener un trabajo.
Para ello, el grupo de trabajadores sociales, trabajan en articulación con otros sectores del municipio para capacitarlos y ayudarlos a encontrar un empleo, tramitarles los DNI o las pensiones en caso de que lo ameriten.
Por otro lado, explica Ferraro Medina, "existen personas en situación de calle crónicas y allí es mas difícil intervenir. En esos casos hay que acompañar mas que nada. Muchos llegaron siendo casi NN porque no tienen DNI, ni un papel. Es empezar de cero y si se puede, se trabaja con el grupo familiar. No cualquiera termina en la calle, en general tienen un gran deterioro social hasta que llegan a la calle y revertir eso es muy difícil, se podría decir que es un proceso de toda la vida".
Todas las dificultades que surgen en el proceso, son compensadas cuando aparece algún caso como el de Fredi. El era un visitador médico, recibido en la Universidad Nacional de La Plata, que comenzó a dormir en la calle luego de haberse separado de su pareja y haber caído en una depresión que lo llevó al alcoholismo. El equipo del refugio, lo invitó a las instalaciones y luego de varias charlas, lograron que comience a tratar su alcoholismo.