Sin embargo eso tampoco será definitivo, tal cual mostró la experiencia de 2011. Si bien es cierto que esa fue una elección presidencial que es algo bien diferente de una legislativa, quedó claro entonces que el resultado de las PASO consolida los votos de los que quedan mejor parados. En el caso del oficialismo, el 48% conseguido por la fórmula Cristina-Boudou en agosto, pero sobre todo los 36 puntos de ventaja con respecto al segundo, contribuyeron claramente en consolidar el 54% de las presidenciales. Y hubo variaciones sustanciales que vale la pena recordar. En esa oportunidad, no quedaba claro cual podía ser el candidato que mejor pelea fuera a darle al kirchnerismo, si Alfonsín o Duhalde, que a la postre terminaron disputando ese segundo lugar voto a voto, imponiéndose el radical por el canto de una uña: 11,65 contra 11,57.
Tan escuálida cosecha terminó sacando a ambos del camino y despejándoselo al FAP de Hermes Binner, que del 9,72% obtenido en las PASO, resultó segundo dos meses después con el 16,81%. Alfonsín retuvo casi todos sus votos, pero Duhalde perdió la mitad, quedando relegado al cuarto lugar, detrás de Alberto Rodríguez Saá. Esa es la una de las principales enseñanzas que dejaron las PASO de 2011: en las elecciones posteriores comienza a tallar el voto útil. De ahí que los analistas coincidan en advertir que en el caso de las elecciones bonaerenses el resultado de este domingo podría no ser definitivo. Si bien ha sido notoria la escalada del candidato oficialista en el marco de la breve campaña, es probable que este domingo alcance su techo. Despejados los matices con los que Sergio Massa buscó armar en un principio su campaña para atraer votos kirchneristas y opositores, podrá concluirse que los números que lo acompañen, más los de Francisco de Narváez y Margarita Stolbizer, junto al resto de las candidaturas menores, componen un núcleo duro del 65% que no quiere que gane el Frente para la Victoria. Y buena parte de esos votos podrían engrosar en octubre la cosecha del postulante que aparezca con mejores posibilidades de vencer al candidato de Cristina, en caso de que los resultados de las PASO no muestren una diferencia importante.
Más allá de los nombres, lo que no hay que dejar de lado es que la de octubre es una elección legislativa. Esto es, lo que está en juego es el control del Congreso para los próximos dos años. Tiene a su favor el Frente para la Victoria que no renueva demasiadas bancas, pues esta elección corresponde al recambio de 2009, en el que el kirchnerismo resultó derrotado. Por ello sólo expone 40 bancas propias y las de nueve aliados confiables. En líneas generales retendrá todo. En provincia de Buenos Aires se alzó en 2011 nada menos que con 22 bancas, pero eso correspondía al 57,10% obtenido en esa formidable elección. Ahora arriesga solo 12, provenientes del 32% de 2009, cuando quedó segundo. Todo indica que mantendrá ese caudal.
Podrá mejorar la cosecha en Capital Federal, donde arriesga sólo la banca del aliado Carlos Heller, pero puede ceder en Chubut, donde expone las dos en juego; podría mejorar en Entre Ríos, distrito en el que hay cinco bancas en disputa y en el que en 2009, con la guerra con el campo bien fresca, sólo obtuvo una; pero podría irle mal en La Rioja y Santa Cruz. Puede salir 'hecho' en Santa Fe -donde arriesga tres escaños y hay nueve en juego-, y en Córdoba -donde sólo expone uno de nueve, pero las encuestas lo muestran peleando lejos el tercer lugar-.
A números iguales, no hay ninguna posibilidad de que se repita la situación de 2009, cuando la oposición le arrebató al FpV la mayoría de las comisiones, ni mucho menos lo que ha sugerido en campaña: quitarle al kirchnerismo la presidencia de la Cámara baja. En el Senado, en tanto, la renovación en ocho distritos no provocará mayores cambios con respecto al dominio actual que mantiene el kirchnerismo en ese Cuerpo.
Pero el dato más relevante es uno que venimos repitiendo desde hace tiempo: la imposibilidad para el oficialismo de alcanzar los dos tercios en ambas cámaras necesarios para reformar la Constitución. O remover jueces de la Corte, por citar otro ejemplo
Según publicó hace un año la revista Semanario Parlamentario, sólo si el kirchnerismo repitiera en octubre la elección espectacular de 2011, podría llegar a los 170 diputados que representan los dos tercios; pero ni aun así llegaría a ese porcentaje en el Senado. Hoy los números son más modestos, y una vez que hayan hablado las urnas se entenderá por qué la Presidenta ha optado por no especular en público con una continuidad que se da de bruces con lo que marca una Constitución imposible de reformar.