El polémico referí fue bajado y regresó a las canchas cuando casi todos creían que su carrera había terminado. Nada cambió en esta segunda etapa: arbitra como le parece, a dudoso criterio personal
Se habló mucho tiempo de la baja de Pablo Lunati del plantel de árbitros. En el Off The Record era el nombre recurrente que surgía, hace no más de tres años, para ser eliminado de la nómina de AFA, previo paso por la categoría internacional.

Su cambio de sindicato primero (se pasó de las AAA al SADRA) y su desjerarquización posterior, fueron el aperitivo. Pero, como si hubiese mediado un "ángel de la guarda" propio, Lunati siguió en pie. Más aun cuando quedó suspendido en su actividad profesional a instancias de la AFIP.

Pocos, muy pocos, creyeron que Lunati reaparecería. Pero reapareció tras serle levantada la imposibilidad. Algo que en nada favorece al referato argentino.

Lunati, obviamente, fue sancionado por la AFA a raíz de su tarea del domingo en River-Arsenal. A nadie puede sorprenderle, más allá de la ceguera de algunos que tras ver mil repeticiones en la TV todavía discuten el penal y aseveran que sí hubo infracción y además, adentro del área.

Sucede que lo de Lunati no se remite exclusivamente a ese fallo que determinó el resultado final del partido. Lunati, quien se cree eternamente impune y no disimula amiguismos a cierto nivel y se jacta de ello, y que tampoco disimula, en ese marco de impunidad, sus preferencias por determinado club, que de paso, habla de la inconveniencia de ciertas designaciones que realiza la AFA a través del colegio de árbitros.

Lunati no deja que la legalidad reglamentaria le tuerza el brazo y lo obligue a manejarse conforme a reglamento. Totalmente descolgado del contexto que impera en Argentina y a nivel FIFA, continúa dispuesto a arbitrar como le parece, a dudoso criterio personal, en ciertas circunstancias hasta generando situaciones no contempladas en la ley de juego.

Lunati desvirtúa el cumplimiento estricto del reglamento y excede el espacio que cada árbitro tiene para decidir de acuerdo a su criterio. Se aleja de la ley y termina siendo previsible: uno puede adivinar qué va a sancionar, del lado del grotesco. Y sigue predicando el mal ejemplo una actividad que necesita en cada partido recuperar credibilidad.

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