El pique, en creciente, se da ubicando la lancha hacia zona Sur y tirando hacia dentro del canal de acceso a Río Santiago, procurando que el señuelo caiga a la altura de la tercera línea de palos. Ni bien toca el agua el artificial hay que recoger para que esté trabajando a más de un metro al llegar a la primera línea, que es donde seguramente tendremos los ataques. La clave es actuar rápido al sentir el pique y sacar al dorado de los palos manteniendo la caña arriba. El resto lo hará el guía retrayendo un poco la lancha. La experiencia le dictaminará al pescador cuándo es pique y cuándo es enganche, haciendo que uno clave en el primer caso o deje flojo en el segundo, para que el guía lo ayude a recuperar el señuelo.
La pesca era frenética, por momentos con las tres cañas -el cuarto era el timonel- clavando dorados, de sorprendentes tamaños, pues algunos pasaron holgadamente los cuatro kilos.
El uso de bogagrip para izar la pieza, así como de pinza para extraer el anzuelo, es fundamental y conviene que cada pescador tenga ambos elementos consigo (así como un trapito para secarse las manos) para evitar perder tiempo y molestar al otro.
Por último, un buen consejo es asesorarse con el guía previamente para llevar elementos innecesarios o comprar los señuelos adecuados cuya eficacia ha sido comprobada.