De la fachada de la catedral de San Pedro pendían, como es tradición, grandes imágenes de los nuevos santos. "Mientras veneramos a los mártires de Otranto pidamos a Dios que sostenga a tantos cristianos que, precisamente en estos tiempos y en tantas partes del mundo, todavía sufren violencia, y les dé el valor para ser fieles y para responder al mal con el bien", dijo Francisco en su homilía.
Sobre Montoya, el Pontífice destacó que "enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos".
Además, dijo que enseña "a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, acogiendo a todos sin prejuicios ni reticencias" y sobre todo compartiendo lo más valioso, "Cristo y su Evangelio