Antes de ejecutar fríamente a sus víctimas, los yihadistas somalíes separaron a los musulmanes de los no musulmanes en función de sus atuendos, y guardaron como rehenes a los segundos.
"No tememos a la muerte, serán buenas vacaciones de Pascua para nosotros", ironizaron los asaltantes en swahili, según el testimonio de un sobreviviente.
En el Vaticano hay conmoción por la multiplicación de persecuciones contra cristianos de Irak a Kenia, pasando por Libia, Pakistán o Nigeria y se teme que no sean denunciadas, incluso por las propias autoridades occidentales y musulmanas.
"Hoy vemos a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en Ti, ante nuestros ojos o a menudo con nuestro silencio cómplice", acusó con tono sombrío el Papa, al final del Camino de la Cruz, el viernes por la noche, al dirigirse a Cristo.
"Señor, apoya interiormente a los perseguidos. Que el derecho fundamental a la libertad religiosa se expanda", pidió el pontífice.
Previamente, en una solemne celebración en la basílica de San Pedro, había sido denunciada
"la furia yihadista".
El predicador de la Casa pontificia, el franciscano italiano Raniero Cantalamessa, había recordado a los 21 coptos egipcios muertos asesinados en febrero por un grupo yihadista en Libia, mientras "murmuraban el nombre de Jesús".