El ángelus del domingo se transformó en el programa más visto de la televisión pública italiana. Durante las audiencias de los miércoles, cuya asistencia ha aumentado del 30%, besa niños, saluda a amigos, abraza a políticos. Pasó a la historia la foto del papa que besa el rostro de un enfermo de neurofobromatosis, un gesto de compasión inédito, tan popular como las llamadas telefónicas a desconocidos que le escriben.
De cara al tímido "abuelo sabio", como llama a su predecesor,
Benedicto XVI, con el que convive dentro del Vaticano tras su sorprendente renuncia, Francisco se presenta como una persona extrovertida, que no teme controversias, que aborda temas tabú para la iglesia, como la homosexualidad, inclusive la de los curas, el alquiler de vientres, las madres solteras y hasta su rol de papa infalible.
Si bien no caben dudas de que la imagen de la iglesia cambió en un año, han surtido muchos interrogantes sobre la modernización moral y social que F
rancisco quiere llevar adelante dentro de la entidad. Como primera medida el papa impulsó un gigantesco debate sobre la familia, convocó dos sínodos, envió un cuestionario a todos los obispos sobre las
"nuevas formas de familia", por lo que se esperan importantes decisiones sobre ese tema candente.
La Iglesia católica deberá responder en un plazo no muy largo y con medidas concretas a las esperanzas de los divorciados que se vuelven a casar, a las madres y padres solteros, a las parejas de hecho, a los que defienden la contracepción. Pero plasmar en gestos concretos las palabras de Francisco no es una tarea fácil para una organización que ha sobrevivido dos mil años y cuyas transformaciones son viables a largo plazo.
La batalla a favor de la reforma de la desacreditada Curia Romana y de sus controvertidas finanzas, acusada de corrupción y blanqueo de dinero, ya comenzó.
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