"Es un hombre bueno, austero y siempre que lo escucho, con mi hermana, hace que nos emocionemos porque tiene una forma de hablar muy graciosa y humilde", contó a Efe Guillermina Rulfo, de la sureña ciudad mexicana de Puebla.
El papa Francisco, a bordo de su papamóvil, recorrió la plaza de la basílica para repartir su bendición y saludar a los fieles congregados, que soportaban con estoicismo el sol romano y que se agolpaban en las verjas de seguridad para lograr darle la mano al papa.
La presencia de un argentino en la silla de Pedro, además, hace que el español sea la lengua predominante entre las personas que se acercan a la histórica plaza y que españoles y latinoamericanos sean más que frecuentes en este tipo de eventos.
Santiaga, una argentina afincada en Roma, se basa en la "cercanía" del pontífice, en su "profundidad espiritual" y en el "orgullo" que siente al pensar que su país ha dado un papa a los católicos del mundo para seguirle en cada una de sus intervenciones, explicó.
Respecto al número de participantes, el Vaticano sostiene que la plaza de San Pedro del Vaticano está preparada para recibir a 150.000 personas, de ellas 40.000 sentadas, cifra que se ha superado en la mayoría de los actos públicos