Señor director:

En 1947 el diputado Arturo Frondizi viajó a Estados Unidos luego de un par de reuniones con Einstein, Fermi y Oppenheimer. Estos lo invitaron a establecerse un año con su señora en la Universidad de Princenton con el único compromiso de concurrir a charlas informales, Frondizi agradeció pero declinó. Durante su presidencia, de menos de 4 años, consolidó la soberanía nacional con la autosuficiencia petrolera (hasta entonces se importaba el 60%), encaminó el autoabastecimiento de acero, disminuyó en 250 mil agentes la administración pública, quienes fueron asimilados por la actividad privada, construyó 10 mil kilómetros de caminos, se radicaron numerosas empresas extranjeras en el país, entre ellas una docena de fábricas automotrices y numerosas obras de gobierno que, hasta la fecha, presidente alguno se aproximó siquiera a igualar. Interlocutor de Kennedy, De Gaulle, Adenauer y el Pandit Nehrú. En 1966, Su Santidad Paulo VI lo invitó a recluirse, con él y prelados de la Iglesia, para estudiar y debatir la que luego sería la Encíclica Populorum Progressio. Este señor fue, presidente de los argentinos entre 1958 y 1962. Lo derrocó un golpe de Estado el 29 de marzo de 1962 y lo confinaron en Martín García. ¿Tuvimos algún presidente de antecedentes similares? ¿Es recordado con justicia por los gobiernos nacionales? La respuesta a ambas preguntas es, lamentablemente, no.

Enrique A. Escobar Cello y Juan Carlos Parissi

eecello@gmail.com

Inflación

Señor director:

¿Que es el ajuste por inflación? Es muy común que los empresarios Pyme en charlas con sus contadores, tengan planteos tales como “porque pago impuesto a las ganancias si en verdad no gane plata”. La respuesta es porque en realidad están pagando impuestos sobre ganancias ficticias, puesto que la AFIP no permite a los contribuyentes ajustar sus balances por inflación. Lo anterior sucede dado que la inflación genera distorsiones en la información contable y naturalmente en la determinación de los resultados. La forma de evitar los efectos nocivos que las variaciones de precios genera en la contabilidad, es el ajuste por inflación de los balances. Al aplicar este mecanismo, la moneda en la que están expresados los estados contables pasa a ser moneda homogénea y reflejar así el efecto de la inflación, con su consecuente impacto en el resultado económico. Ahora bien, tanto el Consejo de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires como el de la C.A.B.A., han empezado a exigir con carácter obligatorio que todos los balances con cierre a partir del 31 de diciembre del 2018 deberán ser ajustados por inflación, pero la AFIP no los aceptará para la determinación de impuestos. Así, las empresas deberán afrontar una situación contradictoria, pues podrían pasar a tener balances contables ajustados por inflación que quizás arrojen pérdidas, pero balances impositivos de los cuales resulte que tengan que pagar impuesto a la ganancias.

Gerardo Emilio Lisanti

gerardolisanti@yahoo.com.ar

Hispanohablantes

Señor director:

Hace quince años cuando se realizó en Rosario el Congreso de la lengua española, vino el rey, cazador de elefantes, y afirmó libre ‘de cuerpito gentil’ que éramos 400 millones los que hablábamos la castilla. Y nosotros le respondimos que éramos 460 millones. Ahora vino el rey Felipe IV, su hijo, y repitió la falsedad afirmando que somos 460 millones cuando en realidad somos hoy: 580 millones. Solo tienen que ir a Google y sumar país por país para comprobar que lo que digo es cierto. El castellano es la primera lengua del mundo, el inglés es la tercera porque está con 450 millones detrás del mandarín que es la lengua administrativa de China y de la región de Pekín con 460 millones. El achicar las cifras de los hablantes del castellano es una mentira a designio, una mentira programada, porque lo que se pretende es hacer creer que no somos tantos; que el inglés es el idioma más hablado en el mundo. Es en el fondo una mentira inglesa. Mentira que nos achica en todo: no tenemos científicos, no tenemos filósofos, no tenemos gente de valor. Negar la existencia de 100 millones de personas es una gran mentira que produce una falsa noticia, o fake new como le gusta decir a los colonizados lingüísticos. Lo grave es que toda la estructura internacional de defensa de la lengua española, las 23 Academias, los numerosos Institutos Cervantes y mil organizaciones más, la aceptan y la promueven. Y cuando uno se acerca a alguno de los académicos, responde: no tiene importancia el número sino la calidad. Pequeños hombres ruines es lo único que se me ocurre decirles, el Rey incluido.

Alberto Buela

buela.alberto@gmail.com

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