"Yo quiero morirme en el museo", sentencia el creador, aunque se lo ve fuerte, lejos de la despedida. "Soy coleccionista desde los 5 años -añade-. Bolitas, figuritas y la filatelia, estampillas. Ese fue mi primer amor. Yo iba al ombú del Parque Rivadavia, cerca de donde vivo ahora en Caballito. Luego seguí con libros antiguos, numismática (monedas), pinacoteca (pinturas)... Siempre coleccionaba cosas y me interesaba la historia de mi familia. Mis padres eran judíos polacos que vinieron a la Argentina en el 28 y se pusieron una carpintería. Yo nací acá en el 37. Tenía muchas cosas, por ejemplo fileteados. Fui muy amigo de León Untroib, para mí, el más grande fileteador que hubo en este país. Era polaco. Tengo 50 trabajos suyos. Soy el más grande coleccionista de su obra en el mundo. Acá no tengo los originales porque me los quisieron robar. Un día un tipo se quiso llevar el de Gardel, pero lo rescaté. Entonces mandé a hacer gigantografías. Los originales se los di a mis hijos. Untroib vivía de eso. Era amigo de mi papá. Y yo se los encargaba. Por ejemplo los de Gardel, Homero Manzi, Aníbal Troilo... Una vez le pedí un fileteado de San Lorenzo y Huracán, pero él era de Racing, se encaprichó y me hizo Racing y San Lorenzo". Gregorio recuerda visitas ilustres a su museo: Nelly Omar, Horacio Ferrer, Mariano Mores, Argentino Ledesma, José Gobello y Mosquera Montaña.