20 de abril 2011 - 00:00
50 años de pasiOn por la radio
Larrea, el dueño de las mañanas en la Radio Pública.
“De chico, en casa, en Bragado, éramos bastante pobres. No teníamos radio y cuado mi papá compró una por 15 pesos, yo descubro la radio, que era un suceso: toda la familia se juntaba a escucharla. Luego murió mi padre, muy joven, a los 46, cuando yo tenía 10 años. Y entonces mi madre había caído en un pozo de angustia enorme, su duelo fue largo... a mí me estremecía ver que mi madre ya no sonreía. Y como era tiempo de duelo y no había ánimos de nada, no se prendía la radio. Pero a los tres meses una tía me dijo que ya era razonable volver a prender la radio, que hasta ese momento era como un invitado incómodo. Entonces pongo la radio y mi mamá estaba detrás haciendo sus quehaceres. Estaban dando El Relámpago, un programa en Radio El Mundo escrito por Coronato Paz. ¡Muy buen programa! Y los tipos aciertan en un chiste muy gracioso... me doy vuelta y mi mamá estaba sonriendo. Yo dije ¡esto es mágico! Salí a contarles a todos los chicos que la radio era extraordinaria, que hacía cosas parecidas a milagros. Desde aquel día volvimos a escuchar radio frenéticamente con mi madre. Y yo me enamoré definitivamente de la radio”. El que relata con emoción estos recuerdos es Héctor Larrea, aquel pibe de entonces que descubrió la magia de la radio y que devino en un protagonista de la historia grande del medio. Ese que hoy celebra desde los micrófonos de Radio Nacional sus primeros 50 años en la radiofonía argentina. Con Una Vuelta Nacional, el ciclo que emite de lunes a viernes de 9 a 12 la AM 870, Larrea mantiene viegente la fórmula que cultivó toda su vida: música, humor e información en un formato magazine donde la buena onda y el trabajo en equipo son cuestiones centrales. De sueños infantiles al programa propio
-¿Cómo ingresó al medio, Héctor?
-Tras terminar el secundario, con dificultades económicas porque estábamos muy mal en casa, había decidido que quería trabajar en radio y vine para Buenos Aires en el 59, sorteando los 210 km desde mi querido Bragado. Felizmente pude instalarme en esta ciudad solidaria que acoge a todo el mundo. Antonio Carrizo en aquel momento era funcionario de Radio El Mundo. Y le mandé a preguntar qué era necesario para ingresar al ISER y obtener el famoso carnet de locutor que me permitiera laburar. Me contestó Miss Rudy, una secretaria de la radio. Finalmente estudié en el ISER, me recibí como locutor y empecé mis búsquedas laborales. Conocí un productor que me dijo: “Hacete animador, que locutores comerciales hay muchos. ¿No querés venir a hacer un bailable que se transmite desde los clubes?”. Así que allí empecé como animador y mientras anduve por radios chicas hasta que me ofrecieron trabajar en mi primer programa en una radio grande: El Baile de los Novios, auspiciado por la joyería Casa Gold que vendía las alianzas. Era a la noche y a mí me encantaba estar allí pero yo quería tener mi programa propio. Luego me dijeron: “Vos tenés que trabajar en televisión, porque si no no te van a dar un programa”... y eso me dejó pensando. Era cierto, los grandes nombres de la radio eran personas que trabajaban en televisión. -¿Y cómo hizo para llegar al ansiado programa propio? -Trabajando en televisión. En los 60 andaba bastante bien Antártida. Yo allí programaba, pero como no trabajaba en televisión no me ofrecían un programa propio. Y entonces me decidí y lo hice, fui a buscar trabajo a Canal 13 y en el 67 empecé en la tele. En alguna radio grande ya hacía radioteatros. Entonces, ya con la caripela en la tele, en el 69, Radio El Mundo me dio la chance de hacer Rapidísimo. Estuve dos años ahí y luego pasamos a Continental, donde estuve otros dos años. Luego vino la larga etapa en Rivadavia, donde empecé a la tarde, luego pasé a la mañana y tuvimos muchísima audiencia. Arrancamos el 11 de marzo del ‘73, con la fórmula de música y humor. Yo no soy periodista y en la parte informativa siempre le pedí a la radio que se hiciera cargo, porque era un riesgo meterme en cosas que yo no sabía hacer. -Qué ética tan distinta a la de tanto famoso que hoy asume funciones periodísticas. Hoy nadie dice: “Esto no es lo mío” cuando le dan aire... -Es cierto, y así boludean también... hablan sin conocer la técnica adecuada para dar información, cuando preguntan preguntan mal y si se mandan a opinar se meten en camisa de once varas. Y como no tienen la suficiente información, muchas veces hacen comentarios impertinentes. -Volviendo a la radio, supongo que con Rapidísimo cumplió el sueño del programa propio, aunque vinieron muchos más y en paralelo una carrera importante como animador en TV. -Claro, la tele siempre fue mi gran vidriera para que me dieran un programa de radio. Pero siempre me resultaba tedioso hacer televisión. Por eso después de 9 años seguidos de trabajar sin parar dije que iba a trabajar en tele un año sí y un año no. Cuando hacíamos cada contrato anual, ponía una cláusula que decía que como el programa de radio iba por la mañana entonces en la tele no tenían derecho a exigirme que fuera a grabar por la mañana. Lo mío siempre fue la radio. Y en Rapidísimo la pasábamos muy bien, nos divertíamos mucho. Quiero recordar a los grandes cómicos que tuvo el programa, a Landriscina y su Don Verídico, a Mario Sánchez -que tenía 70 personajes-, a Pueyrredón Arenales, personaje de Scalize y Marquetti. Ellos hacían que el humor fuera un pilar importante en el programa. Nuevos tiempos en Radio Nacional -Hoy las mañanas de radio privilegian la información por sobre el humor y la música. ¿Cuéntenos cómo pudo perpetuar su vigencia estos años, cómo ha logrado hacerse un lugar en el dial de Radio Nacional manteniendo su fórmula? -Es cierto lo que decís. Hasta el ‘94 seguimos en Rivadavia, luego pasamos a El Mundo -que ya era privada- y luego volvimos a Rivadavia hasta 2003. En 2004 era necesario cambiar de orientación porque el proyecto no se podía continuar en una radio comercial. Y justo sale la propuesta de ir a La Radio Pública, donde hacemos todos los días Una Vuelta Nacional. Las radios privilegian la información, pero aún ahora que es tiempo de elecciones, Radio Nacional y yo coincidimos en un criterio: la manera de hacer llegar la información es matizándola con la parte magazine. Por eso nuestros condimentos son siempre el humor, la música, una charla cultural con Dubati, que es muy grosso. A ello le sumamos ahora al pibe Hernán Brienza, que hace una revisión histórica muy piola. ¡Escribe bien ese pibe! Los escritores que más éxito tienen son los que escriben poéticamente. Y éste escribe tipo Galeano. Hay tipos que no son esencialmente poetas pero escriben con sentido poético. Y Brienza es uno de ellos. Tenemos también un sociólogo, Ricardo Rouvier, un muchacho que hace economía, Néstor Restivo, un periodista de raza como el tucumano Felipe Yapur, muy gracioso por otra parte. ¡Me divierto mucho en Radio Nacional! Esa radio es linda porque la parte directiva es muy respetuosa, respetan las canas, se puede conversar, disentir, pero hay respeto. -Respeto que le tributan tipos de otra generación como los muchachos de Radio Barcelona, también parte de la Radio Pública. -Es muy piola estar en una radio donde está Barcelona, uno se siente grande, je je. Me encantan Marchetti y su equipo anarco peronista. Me gusta su grupo Falopa, sólo ellos pueden hacer algo tan divertido como Radio Barcelona. -¿Estar en Radio Nacional lo hizo conocer por nuevos públicos que antes no lo tenían en el menú? -Ahora se incorporó mucho público nuevo que entendió cómo es el fato en Nacional. Ha habido una inclusión política muy notable de la purretada. Y por ahí muchos creían que un programa con Larrea era un programa pasatangos, pero ahora descubren otras cosas y se quedan. Por eso tengo que agradecer a la Radio ese horario, de 9 a 12. Porque dentro de un proyecto de nivelar para arriba en todo, me dan un horario destacado, muy grosso. -Ya se recibió en el ISER, logró el programa propio y cumplió 50 años en radio. ¿Qué sueños pendientes le quedan? -Mi propósito es que cada día salga lindo el programa. Nada más. Sale lindo, Héctor.