En Mónaco en el año 1925 se presenció el estreno mundial de un ballet único con música de Stravinsky, vestidos y decorados de Matisse y coreografía de Balanchine: Le Chant du Rossignol. En 1999 fue reconstruido laboriosamente por dos especialistas en esta faena arqueológica e interpretada de nuevo por Les Ballets de Monte Carlo.