Agradecido a la posibilidad de develar las incógnitas de los lugares más exóticos del planeta tierra, Iván de Pineda a través del envío de El Trece -Resto del Mundo-, que ahora asoma los sábados a la medianoche, intenta exponer, según da cuenta, un nuevo modo de hacer tevé. De perfil bajo, dispuesto al diálogo, de apariencia campechana, el modelo que halló su lugar en la pantalla chica del brazo de la conducción siente que creció y mucho con el fogueo que le brindó cada uno de los ciclos televisivos en el que prestó el cuerpo y la expresión. “Estoy muy contento con poder marcar mi camino y desarrollarme. Es muy importante eso para mí y está bueno darle otra cosa a la gente. Me parece bien que haya alternativas como la nuestra en la tele, es un modo de mostrar algo distinto”, suelta Iván con tono reflexivo.
“Estoy re feliz de estar haciendo este programa que es un éxito, hubo un sábado en que marcamos picos de 13 puntos, es muchísimo”, se maravilla el chico. “Estar en un cuarto año consecutivo de Resto... me pone muy contento. Había que festejarlo y por eso decidimos irnos a un lugar al que nunca fuimos, al lugar más inhóspito del mundo”, comenta el conductor que viajó a Alaska para, con un programa especial, celebrar la octava temporada al aire del ciclo desde sus inicios cuando contaba con la figura de Sergio Goycochea a la cabeza. “Volamos durante 27 horas para llegar a Kodiak, una de las islas del Norte de Alaska, y allí, rodeados de osos polares y esquimales hicimos un programa especial festejando por estos increíbles ocho años de Resto del Mundo, que coincidió justo con el programa número 300”, cuenta.
“¿Qué me falta conocer?”, pronuncia la pregunta en voz alta. Y tras un soplo de aire, no hace esperar su respuesta. “Conozco todo el mundo, excepto algún lugar en Africa. En algún momento estaría bueno conocerlo todo. Estamos viajando a pleno por la pantalla de El Trece, todo el año. Eso es lo que tiene este programa, que podés conocer culturas y lugares en forma permanente. Estoy muy agradecido con esta experiencia, la verdad es que nunca me imaginé que me haría tan bien. Haber estado en todos lados, conocer Alaska, Nepal, Rusia, Katmandú, buenos lugares, es interesantísimo. Por suerte, no siento el desgaste. Todo lo contrario”, resume De Pineda, sin ocultar su orgullo.