Algo molesto con los manejos que propone la programación televisiva y su continua lucha por subsistir y coincidir con lo que se espera marcar en las dichosas mediciones de rating, Fabián Vena, por estos días, coloca el acento en el universo del cine, mientras aguarda ponerse a tono con un contundente texto teatral y una propuesta que valga la pena su regreso a la tevé. A la distancia, analiza el abrupto levantamiento de la novela Caín y Abel, mientras manifiesta que, pese a que no aprueba los manoseos propios de la encarnizada pugna por salir primero, está acostumbrado. “Claramente son las reglas del juego de este medio. Uno ya sabe dónde está metido”, se resigna este actor recientemente nominado a los premios Martín Fierro por su labor en Lo que el Tiempo nos Dejó, un ciclo de seis unitarios ficcionales emitidos por Telefé que retrataron distintas historias sobre el Bicentenario de Argentina. “No me sorprende porque uno ya lo ha visto cotidianamente, sin ningún tipo de pudor ni ningún tipo de respeto. Uno puede pensar el proyecto como un hecho artístico y en la televisión no se piensa como un hecho artístico. Se piensa de otra forma”, enfatiza Vena. “Son las reglas, no podría quejarme de algo que sé que tiene esas reglas. Estoy tranquilo, aceptando cuáles son las reglas del juego, pero me dolió un poco saber que había mucha gente que estaba muy enganchada con la tira. De todas maneras se pudo dar un final, pudimos cerrar y en vez de hacer 80 capítulos hicimos 50. Lo cierto es que artísticamente, como yo evalúo los proyectos, el programa ha sido muy beneficioso, en muchos aspectos. Tenía buena calidad”.
Sin tolerancia
-Pero en los tiempos de la tira Socorro Quinto Año en Canal 9, cuando saltaste a la fama, no se vivían estas situaciones en las que la cifra del rating es definitoria y dictamina, sin tolerancia, trama y permanencia. ¿Te costó adaptarte a la inmediatez del “si no funcionás te vas”?. -Antes no era así y costó, pero hace muchos años que está pasando esto y también uno se acostumbra hasta de lo malo. Me pasó con Una de Dos con Flor Peña que llamativamente se levantó y luego, sin ser lo mismo, con Caín y Abel. Uno sabe de qué va la cosa en televisión. Antes había un cuidado, un poquito de espera. Pero esta locura que estamos viviendo yo creo que la he vivido siempre. Hace muchísimos años que está dando vueltas esta situación y no veo que haya cierta intención de querer modificarla. Todo lo contrario, creo que se la intenta profundizar. Habrá que ver cómo se acomoda uno. Para nosotros es un medio, nada más, es un lugar que nos va a permitir desarrollar nuestro trabajo. Creo que estamos viviendo un momento en la televisión y en el mundo de crisis, como sinónimo de cambio, de remover viejas estructuras para ver qué nos sale. La televisión y el arte no están exentos de todo lo que le pasa al mundo.
“Soy muy selectivo”
Hombre de perfil bajo, minucioso, atento con quien se le ponga en frente, comprometido con su realidad, Fabián Vena piensa una y otra vez cada uno de sus intentos. Sabe que sus trabajos hablan por él y resulta cuidadoso con cada elección laboral. “Me doy cuenta con el correr de los años que uno ha sido selectivo. Uno ya tiene no solamente un estilo sino unas reglas. No podría estar si no hubiese ideas muy claras con respeto a lo que yo creo”, sostiene preciso. “Yo pienso mucho el proyecto, lo pienso, los espero mucho. En ese sentido está bueno haber recorrido algunos años de vida con la profesión, porque en principio me permite vivir las esperas con mucha más alegría que las que generalmente suelen ser como es caminar por las paredes. Tanto en cine como en teatro como en televisión, aparecen cuestiones interesantes. Hay que saber esperarlas”. En esa “espera” del proyecto que lo conmueva, se hace algún espacio para observar lo que declaman sus colegas por la pantalla chica. Mucha ficción y nada de envíos que se centren en los pormenores del mundo del espectáculo. “Los programas de espectáculos lejos de encontrarles alguna simpatía, algún incentivo, me provocan mucho pudor. Me provoca pudor que hablen de los demás de una manera tan íntima", concluye.
karim gomzalez