Por SERGIO PJASECZNY
En un reportaje exclusivo con DIARIO POPULAR, Ronnie Arias, antes del debut del nuevo ciclo de La Liga (mañana a las 23.30), adelanta los objetivos que persigue el programa, reflexiona sobre su labor televisiva y se involucra con ciertas cuestiones del medio que habitualmente son silenciadas. -¿Cuántos años lleva con La Liga? -Empecé en 2006. Hacía notas como invitado. Luego estuve en España trabajando para la productora y desde allí enviaba notas. En el 2008 no estuve. En el 2009 sí y ahora me convocaron otra vez. -¿Qué significa participar en este ciclo? -Algo muy positivo, porque si bien es un ciclo clásico de nuestra tele, fue mutando con relación a lo que le sucede a la gente. Pasó de ser un programa periodístico a ser un programa vivencial. No mostramos lo que pasa, lo vivimos, estamos ahí. Hoy éste es el único ciclo que convive con lo que sucede, porque sabe qué le pasa a la gente. -En lo profesional, ¿cómo hacer para no caer en lo obvio? -El secreto está en la sorpresa que experimentamos cuando enfrentamos la realidad y en la magia de la producción y la edición. Lo que tiene este año de diferente el ciclo es que contamos historias nuevas de situaciones cotidianas. En mi caso, hago las preguntas obvias y después entro en la carne. Lo obvio es necesario. -¿Qué hace útil su trabajo? -Que la gente sepa que no todo se circunscribe al sitio donde vive y a la problemática que tiene. Lo bueno de La Liga es que muestra y comparte, porque cuantos más ojos miran, más ojos ven. -A la hora de mostrar, ¿cuál es el límite? -Depende de lo que tiene para dar el entrevistado. Durante un tiempo, yo no quería hacer notas vinculadas a la condición sexual porque me parecía que estaba bueno dejar de hacerlas por unos años, hasta que me dijeron: “Vamos a hacer una nota con chicas travestis” y resultó un notón. Esa decisión está vinculada con mi proyecto profesional, con que antes que nada quiero sorprenderme, porque creo que si no lo siento yo no lo puedo transmitir. -¿Y pido mantener intacta su capacidad de asombro? -Sí, porque hacia ese lugar nos lleva el programa. Los temas son siempre los mismos, pero nosotros los mostramos desde otra óptica. -La Liga, ¿ya es una marca registrada? -Sí, pero dentro de un género muy bastardeado, porque cualquiera cree que puede hacerlo. En ese sentido, se hace difícil luchar contra las imitaciones. De todos modos, nosotros no buscamos el impacto en lo sensacionalista sino en lo humano y en lo que somos cada uno de los que vamos a contar las historias. -¿No hay personajes sino personas que muestran? -En un punto, todos somos personajes y las notas se van a adaptar al personaje que somos. En mi caso, soy un personaje real. No tengo mucho para esconder. No soy más que esto. -¿Cada cual es artífice de su propio programa? -Sí, pero sin una producción como la nuestra no seríamos nada. Nosotros ponemos el cuerpo, pero hay una producción detrás. -En lo personal, ¿con qué lugares, personajes o historias se encontró que no pensaba hallar? -Me encontré haciendo cosas que jamás pensé, como soplar vidrio, subir al Aconcagua y compartir la normalidad de lo diferente. -En materia televisiva, ¿qué es el mal gusto? -La falta de ética. No es lo que muestres, sino cómo y desde dónde lo mostrás y saber qué está dispuesto a dar el entrevistado. Para lograrlo debe existir una comunión entre el entrevistado. Una buena nota es como un buen orgasmo. No importa si dura tres minutos o media hora. -Periodísticamente, ¿para qué le falta valor? -Si me detuviera a pensar en eso no saldría de mi casa. Desde que empecé en esto siempre fui al frente, siempre tuve que ponerle el cuerpo. Por suerte, ahora tengo una cara bonita y, con el tiempo, la gente se acostumbró a verme y yo me acomodé a lo que soy (risas). Internet vs. TV -De la televisión, ¿qué lo escandaliza? -Nada. En materia de ficción, creo que estamos haciendo un camino muy interesante desde Casi Angeles hasta el culebrón más envenenado. -¿Cómo le caen los mediáticos? -Algunos me divierten, otros me parecen un asco. Hay quienes van a sobrevivir mucho tiempo porque tienen algo para contar. Además, hay un público que tiene ganas de verlos. -¿Usted cree que tenemos una televisión democrática? -Casi. De todos modos, el problema de la tele no son los contenidos, ni los programadores, sino Internet. -¿Internet está relegando a la televisión? -Tal cual, si no preguntale a la gente cuántas horas pasa frente a la computadora y cuántas horas dejó de pasar frente al televisor. Hoy el buen tino del programador pasa por elegir el material que va a poner en el aire y no por el horario en que lo va a mostrar, porque la gente graba lo que desea y lo mira cuando quiere. -¿Cuánto tiempo por día le dedica a su trabajo? -El que sea necesario. Lo que me interesa es lograr el mejor material. -Cuando le plantean el informe, antes de llevarlo adelante, ¿fija su posición? -Todo se habla. Es más, a veces hemos llegado hasta la mitad de una nota y he dicho: “Paremos, yo quiero ir para acá y vos para allá, negociemos”. También me pregunto frente a un tema por dónde voy a entrar y de cuánto se va a abrir el entrevistado. -¿Cómo es su relación con la crítica? -Horrible (risas). Leo algunas y en general me indigno y me callo. Cuando leo las críticas trato de ver qué vieron cuando vieron eso. Casi nunca corrijo en base a una crítica. Cuando me criticaban porque decían que el periodista debía mostrar y no involucrarse, me indigné. Yo estaba en medio del terremoto del Perú con gente que estaba matándose por comida, y en mi poder tenía cuatro cajas de galletitas y las repartí. En casi todos los medios criticaron mi actitud, pero yo sigo pensando que hice lo correcto. -¿El periodismo debe servir para solucionar graves problemas o sólo debe limitarse a exhibirlos? -Muchas de las notas que hice para La Liga fueron muy cuestionadas porque ciertos periodistas sostenían que el cronista debe mostrar sin involucrarse, pero los tiempos cambiaron. Hoy el que sólo se limita a mostrar es un cagón. Hoy hay que involucrarse. -¿A qué mecanismos recurre para no brillar más que el entrevistado? -Uno puede sentir en carne viva lo que le pasa al entrevistado, puede tener su momento y su reflexión, pero voy a contar lo que pasa desde la voz del entrevistado y desde mi reflexión. Cuando hago un vivencial soy el protagonista y, desde ese lugar, cuento lo que siento, pero cuando muestro una historia, la protagonista es la historia. De todos modos, el realizador debe lograr el equilibrio para que la gente sepa que yo estoy pero el protagonista es el que cuenta la historia. En Kaos en la Ciudad Juan Castro, siendo una super estrella del periodismo, le daba lugar al entrevistado para que brille; Jorge Guinzburg hizo que La Biblia y El Calefón fuese irrepetible porque hacía que brillaran los otros; Marcelo Tinelli brilla porque deja que el show lo hagan los demás. -Esa actitud solidaria y generosa ¿es frecuente en el medio? -No, porque no es frecuente en la vida. Miserables hay en todos lados y este medio no es la excepción. -La fama que le otorga La Liga, ¿lo obliga a dar el ejemplo públicamente? -El que está en La Liga no busca fama. Lo que te brinda este ciclo es credibilidad, conciencia y un lugar. -En alguna ocasión, ¿le tocó trabajar con gente con la que no tenía onda? -Sí. Trabajé con grupos que no estaban buenos. Ahí apelás al profesionalismo. Pero eso estrés, engordar y llorar a la hora de tener que salir de mi casa hacia el laburo.