A poco tiempo de que Botineras marque su escena final, Damián de Santo, al frente de uno de los roles protagónicos de esta tira que en el transcurso de casi un año de su irrupción en la pantalla ha virado elenco, trama y horario, da cuenta de su regreso a la esfera televisiva, del avance de las féminas “botineras” y la experiencia de componer, por vez primera, a un villano. De armas tomar, de gesto exultante, decidido a no callar lo que piensa y a rebatir injusticias, el hombre recluido en las sierras cordobesas de Villa Giardino que asoma por la urbe capitalina sólo para condimentar los últimos capítulos de la historia de las 22.30 de Telefé que interpreta junto a Nicolás Cabré, Isabel Macedo, Gonzalo Valenzuela y Romina Gaetani, se siente satisfecho por la tarea que ya avizora su punto cúlmine. “Estoy muy contento con todo lo que sucedió. Teniendo trabajo en este país, hay que agradecer”, dice este actor dispuesto al diálogo, antes de comenzar la función de la pieza El Descenso del Monte Morgan, en uno de los pocos eventos sociales a los que asiste. Hace algunos meses, tras varios cambios y enroques en el equipo, la ficción de Botineras profundizó las líneas del policial dejando en el camino a autores y actores. Para De Santo el vuelco, aunque sin ser contundente, resultó inteligente y dio mejores frutos. “Se suprimió una parte, se modificaron ciertas cosas, pero básicamente siempre seguimos en la misma línea de actuación y conflicto. La historia venía escrita bastante pesada. Se hizo un poco más pesada, nada más”, relativiza. “La novela no defraudó porque nunca se cambió el argumento. El programa está instalado, fijate la gran cantidad de publicidad que tiene y los clientes que tiene. Es un programa que está funcionando muy bien y que tiene un público cautivo que lo sigue a diario”, resume el intérprete de, entre otros, Verdad/Consecuencia, Vulnerables, Amor Mío y Bella y Bestia junto a Romina Yan. Enrolado en el personaje de Tato, un manager corrupto, manipulador, traicionero y también carismático, Damián hace catarsis. “El tipo es ambicioso, seductor, simpático, ‘transero’. Es la primera vez que interpreto un malo en televisión. Me encanta, es una buena manera de hacer catarsis, ya que no lo soy y saqué lo peor de mí para actuar. Está bueno que la haga en televisión, es una especie de terapia. No todos pueden decirlo, pero en mi caso como yo no soy así, es una buena catarsis hacer eso”, dispara y enseguida replantea la pregunta en voz alta. “¿Qué tango en común con Tato? Yo tengo la simpatía, pero la maldad y la gran cantidad de hechos inescrupulosos que tiene este personaje no tienen que ver conmigo”, garantiza. “Es un personaje interesante por su mixtura y es divertido para mí hacerlo porque es alguien que no soy en la vida, ser así en la ficción está bueno”.
“Un gran negocio”
Más allá de la ficción televisiva, el ardid que supone atraer seductoramente a un multimillonario jugador de fútbol para “cazarlo” y, cual Cenicienta, cambiar radicalmente de status, supone un beneficio que cada día recoge nuevas interesadas. Para Damián de Santo, este accionar requiere un entrenamiento más cerca del intercambio comercial que de las bondades del amor. “Las botineras son un gran negocio. Desarrollaron un gran negocio con el cuerpo que va más allá de sólo mostrarse sino de reinvertir. Me parece muy bien”, se ríe. “Me parece que es de una picardía bastante grande. No sé si es inteligente hacer las cosas por conveniencia y no por propia sinceridad y desinterés. Cuando las pibas no tienen ganas de trabajar, está bien. Ahora, la verdad pasa por otro lado, no por encontrar un tipo para ‘salvarte’ y no laburar más”. -El mundo de las “botineras” te es ajeno. Ahora, ¿qué pasa con el fútbol?, ¿cuál es tu vinculación? -La verdad es que nunca tuve un gran acercamiento al fútbol, no es algo que me fascina, no me vuelvo loco. Por ahí en los mundiales me cuelgo más, pero no soy un amante del fútbol. No me interesa el fútbol, tengo un pensamiento muy particular, no le doy bolilla. Soy de Ríver, pero más allá de eso, no tengo una gran vinculación con el fútbol, no tengo interés. Cuando en el mes de setiembre termine Botineras, De Santo volverá a instalarse definitivamente en sus cabañas de Córdoba. Y, según da cuenta, pasará largo tiempo antes de que decida retornar nuevamente a la pantalla. “Estoy tranquilo, después de esto pasarán dos años para que vuelva a hacer televisión. Por ahí hago alguna película el año que viene, pero no pienso hacer ni teatro ni televisión en 2011. Vivo bien en Córdoba con mi familia y no tengo ningún interés en volver pronto. Laburo en tele cada dos o tres años, cuando lo hago, viajo para allá todos los fines de semana y descanso de viernes a domingo”, confiesa este particular actor radicado en Villa Giardino, donde administra un emprendimiento inmobiliario de alquiler de cabañas. “Por eso no creo en el ‘regreso a’, armo personajes y trato de elegir los que sean diferentes”, define.