KARIM GONZALEZ
Concentrada en su nueva faceta de productora, Andrea del Boca presenta orgullosa Tiempo de Pensar, el ciclo de 13 unitarios de contenido “socioemocional”, que bajo su absoluta tutela acaba de debutar en la programación de los días sábados de la Televisión Pública. Con 42 años de carrera y una intachable solvencia profesional, esta actriz, impulsada por su actual compromiso social y político y la posibilidad de trasladarlo a la esfera ficticia de la pantalla chica, decidió tomar el toro por las astas y plasmar su propio proyecto. Largamente deseado, largamente pensado, precisamente Tiempo de Pensar la devuelve no sólo a la palestra televisiva tras el algo fallido Alguien que me Quiera del año pasado, sino que la ubica en el lugar de hacedora de su idea. “Hace dos años que venimos pensando en este proyecto”, cuenta Andrea respecto al envío que se interna en temáticas como violencia contra los viejos, adicta a las cirugías, aborto, embarazo adolescente, violencia laboral, tráfico de personas, discriminación, robo de chicos y violencia familiar. “Siempre he sido como muy compenetrada en todo. Como actriz me hacía responsable de lo que tenía que ver con mi personaje, ahora me hago cargo de todo. A partir de que fui a estudiar producción y me empecé a perfeccionar en ello en la Universidad de Nueva York, me dio mucho coraje para seguir y no pensar en abandonar la actuación si me colocaba del lado de la producción”, dice con honestidad.
Bajo la pluma de los autores Marcelo Camaño, Marisa Quiroga y Ernesto Korovsky, el ciclo que proyectó Del Boca procura en cada episodio resaltar un valor diferente. En esa perspectiva, la libertad, la familia, el amor, la generosidad, la inteligencia, la solidaridad, la competencia leal y el intento de tomar las riendas de su propia vida, asoman de la mano de actores de la talla de Darío Grandinetti, Roberto Carnaghi, Esteban Prol, Victoria Carreras, Raúl Rizzo, Coco Sily, Fernando Dente, Agustina Vera, María Concepción César, Héctor Calori, Roberto Antier, Graciela Tenenbaum, Ernesto Claudio, Magela Zanotta, Juan Grandinetti, Naira Awada y Silvina Bosco, protagonistas de cada capítulo (con subtítulo acorde a la conflictiva). “Cuando uno pasa mucho tiempo en una carrera, o lo que yo siento con respecto a la mía, se hace como una necesidad y hasta una obligación de tratar de ayudar, proponer algo para modificar o repensar si estamos bien encaminados”, sostiene esta intérprete que intenta reflejar un profundo trabajo de comprensión social. “Hay distintas maneras de comprometerse con la carrera y hasta con la vida”, destaca esta mujer que luce nuevamente cabellera dorada para estar a tono con el personaje de Eva Perón, que personifica en la gira teatral de la pieza Eva y Victoria. “Creo que cuando uno elige esta carrera es así o no. Para mí es así, de una determinada manera, absolutamente del lado de la formación. Uno se prepara para comprender todo el abanico y después se inclina para la comedia o el drama, según lo que le guste”, explica esta actriz multifacética. “Estamos en un momento histórico como sociedad donde podemos defender nuestra democracia y crecer”, se replanteará luego. “Está bueno, como sociedad, que tengamos un programa de ficción para contar estas historias, que un programa sea distinto a otro, algunos más dramáticos, otros más en tono de comedia. Hay situaciones que son de comedia, pero si ves el trasfondo son tan dramáticas que resultan hasta insoportables. Cuando uno trata de tocar temas que tienen que ver con lo social, toca fibras que tienen que ver con lo popular, estás tocando temas que tienen que ver con los sentimientos para que el otro se sienta identificado”.
Que Tiempo de Pensar recale en la TV Pública no es un tema menor. Su confesa adhesión y apoyo al gobierno kirchnerista y la escasa presión que ejerce la emisora estatal al momento de cumplir con requisitos de medición de rating, han sido fundamentales para su elección. No obstante, explica sus razones. “Como productora independiente tenía opción de ir a otros canales, pero Canal 7 tiene un valor sentimental muy importante para mí. Mis padres se conocieron allí y mi papá empezó su carrera en ese canal. Entre los 60 años de carrera de papá y los 42 míos, sumamos 102 años en TV. Son muchos”, se ríe con gracia. Y enseguida analiza: “Han aparecido otras ficciones en los últimos meses y yo creo que este programa hace un buen aporte a la amplia gama de otros canales. Canal 7 también tiene presiones. No quiere estar ausente de la competencia, lo cual me pone muy orgullosa porque nosotros también somos parte de la grilla. Nosotros también somos los hacedores de esto porque, a veces, es como que dejamos de lado a Canal 7 o la Televisión Pública”.
Parece claro que Andrea no quiere padecer los embates sufridos durante el transcurso del año anterior con la tira de Pol-ka que encaraba junto a Osvaldo Laport, que terminó paseando por distintos espacios de la grilla horaria de El Trece con sus respectivos cambios argumentales. “Se empezó como a dejar de lado a los actores por ciertas cosas que ocurren con la ficción y como uno no se siente representado, da un paso al costado”, señala en cierta alusión al finiquitado Alguien que me Quiera. “Uno propone una historia de amor y termina siendo una historia policial y de sexo negro. En realidad me parece que no gana nadie. No gana el producto, el público no se siente identificado y los actores decimos: ‘No tenemos nada para contar o no es lo que se había pautado’. En ficción, la medición del minuto a minuto es muy dañina, no es como cuando lo hacés en vivo, que podés ir modificando si una nota rindió menos o más. En ficción grabaste una cantidad de escenas con anterioridad y, si algo no mide como se espera, eso genera que luego se cambie el eje de la historia. El tema es cuando no hay guión y entonces los actores no tienen nada para decir”.
-¿Cuánto te ha afectado la crítica que se te hiciera por tu público apoyo al gobierno, Andrea?
-He sido muy criticada y lo tomé con un poco de dolor. Hubo un ataque de un grupo de gente porque estaba en contra de una ficción como si fuera un combate político.