08 de junio 2011 - 00:00
Rubén Stella, apasionado “a fuego” por el tango y el canto
ELY CABRAL
Se considera un defensor de los géneros populares, es por eso que Rubén Stella tiene en cartel la obra teatral “Yo Adivino el Parpadeo”, que protagoniza junto a Carolina Papaleo. Es la historia de una pareja de bailarines que compartieron el amor y la profesión y que vuelven a encontrarse después de 20 años, porque aún están atavesados por el tango, el amor, la bronca y la pasión, y deciden volver a revivirlo. Desde muy chico Stella ya estaba convencido que quería ser actor, aunque en su familia no había nadie que estuviera relacionado con ninguna disciplina artística. Sin embargo, sus tíos lo habían elegido -cuando tenía apenas 3 años- para que diga: “Los mejores cantantes son: Hugo del Carrill, Alberto Castillo y Aníbal Troilo”, recordó. De esta manera fue incursionando en lo musical y más aún cuando escuchaba a su madre cantar al compás de un programa radial. “Mi mamá falleció cuando yo era adolescente y siempre la recuerdo con esta radio -exhibida en una estantería_ que es de la década del 40. “Mi vieja -dice- cantaba todos los tangos de época y lo hacía muy bien. Pienso que fue esto lo que me llevó más de alguna vez querer cantar. Con el tiempo me di cuenta que podía articular el tango con el teatro. Son dos géneros que se corresponden”. El actor reconoció con mucho orgullo su origen familiar y la zona de Liniers, lugar donde nació y donde aprendió a dar sus primeros pasos y donde pateó sus primeras pelotas de trapo sobre calles de tierra y luego de adoquines. Desde entonces eligió con otros compañeros de juego, ser fanático del equipo de Vélez Sársfield. “Mis viejos y mi familia en general eran trabajadores de fábricas textiles, provengo de una familia muy humilde, pero me enseñaron muchos valores que aún hoy mantengo. Que yo estudiara, para ellos era importante, y a cambio el premio era una hora para ir a jugar al fútbol -sonrió-. Hasta el día de hoy sigo siendo un apasionado por este tema”. Stella, como buen porteño y casi compadrito de ley, como su pose en la obra, nos confirmó su pasión por el tango y nos llevó a recorrer por sus discografías y por su biblioteca, en donde atesora varios libros con temáticas del género y una diversidad de obras teatrales, entre otros temas. “Aparte de todos estos libros -dice- tengo muchas revistas que las guardo porque tienen fotos de una página completa de grandes maestros, que enmarco. Aquí tengo el primer afiche de la obra “La Cabalgata del Circo”, en donde actuaron Hugo del Carril, Libertad Lamarque y Eva Perón. Se dice que fue ese momento en que ellas se pelearon. -¿Cómo comenzaste a coleccionar todos estos libros, revistas y CD’s? -Te diría que se dio de casualidad, porque todo nació cuando hice “Discipolín” a fines de los ochenta. Esta comedia musical me obligó a investigar sobre la vida y la época de Enrique Santos Discépolo. Pero lo que me llevó a darme cuenta que ya estaba muy involucrado con la temática del tango, fue cuando hice la obra “Con Alma de Valija”, allí incorporé una bailarina porque nos contrataron para Europa. Es entonces que comienzo a sentir el gusto por bailar. -En la obra “Yo Adivino el Parpadeo” bailás con Carolina ¿Tuviste que ir a aprender? -Me perfeccioné para este trabajo. Yo comencé por el año 2000 yendo a una milonga, y lo bueno es que me gustó tanto que iba todos los días, me atrapó y lo disfruté tanto que lo vivía como una terapia. También me encontraba con varios amigos y colegas, Aldo Ferrer, Lito Cruz, entre ellos. Disfruté mucho con Luis Brandoni, él también baila muy bien. Es así que todos nosotros comenzamos a vivirlo como un hobbie, encontrándonos todas las tardes en la milonga a divertirnos muy sanamente. Todo indica que Rubén Stella ya no podrá escapar de su pasión por el tango, ya que se fue a vivir con su familia en la zona de Balvanera, frente al Pasaje Rauch. Que por amor a la cultura de la música en el año 1990, pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo, en homenaje a su centenario de vida. “El día de la inauguración de esa calle -indica mirando desde el ventanal- me invitaron a dar un discurso, y una vez más me di cuenta que mi vida ya está marcada como a fuego por el tango”, confirmó. El actor también aclaró que no hay letristas sino que hay poetas del tango: Homero Manzi, Cátulo Castillo, Celedonio Fernández, los hermanos Discépolo, por citar algunos compositores, que continúan vigentes por sus talentos poéticos.