LAS HISTORIAS
Dicen que el caballo es para el hombre como las alas para los pájaros. Y puede ser mucho más aún si quien lo monta sufre de autismo, retraso mental, secuelas de ACV o parálisis cerebral.
A muchos de ellos la rehabilitación con caballos les devuelve nada menos que la posibilidad de volver a sentir cómo es caminar. Montar los hace percibir el desplazamiento perdido.
A Diego, un niño autista de 10 años, nada lo sacaba de su ensimismamiento: no hablaba, no se comunicaba ni con la madre, no miraba a los ojos, no conectaba. Después de un tiempo de concurrir a Cedica, la mamá contó asombrada que el nene se daba cuenta que los jueves iban a equinoterapia, y que esos días la miraba y repetía ‘paso, paso, paso’, lo que se le dice al caballo para que avance.
Los especialistas contaron que, además de mejorar su expresividad, a través de su relación con el animal y la necesidad de que lo sostengan para montar venció su rígida resistencia al contacto físico con otras personas.
Graciela tiene 30 años, padece retraso mental y es paciente del hospital provincial Ramos Mejía. Se autoagredía y agredía a otros todo el tiempo. Se mostraba siempre irascible. Sin embargo ahora le acaricia las crines a Tupac, que es “su” caballo negro. “Él me quiere mucho”, cuenta Graciela. Después lo mira y le dice “vamos a montar porque si no, no hay postre”. Tras cepillarle la cola, preparar la montura y ponerse su casco de jocketa -todo con la ayuda del equipo terapéutico-, se sube y comienza a andar. Va sonriente.
“A partir de esta actividad y el tratamiento que llevamos a cabo en el hospital logramos reducirle la medicación, que comience a verbalizar, que cambie su conducta agresiva y que sea capaz de expresar afecto”, contó Scarinci.
Mariano es otro de los pacientes con problemas de conducta. El chico, de 9 años, no comía. Se resistía por todos los medios a hacerlo. El equipo terapéutico decidió darle la responsabilidad de alimentar a su caballo. El animal comía con ganas y placenteramente.
“Con el correr de los encuentros el chico empezó a conectarse de un modo nuevo con el hábito de comer y terminó alimentándose normalmente”, contó Gabriela Salas, una de las responsables de Cedica e instructora internacional en terapias ecuestres.