Llegó acompañada por sus tres hijas. Una de ellas admitió tenerle "mucha envidia" a la princesa de Holanda.
"Me hubiera gustado encontrar yo misma al príncipe. Las holandesas deben de estar furiosas, de entre todas las mujeres lindas que hay aquí, vino una argentina y se lo llevó", señaló esta mujer de 40 años, que sólo quiso dar su nombre, Cecilia.
"Es un cuento de hadas", añadió.
La fascinación por la princesa se vive en cada rincón de Amsterdam y no es exclusiva de los argentinos: tazas, globos, muñecas, tortas, frascos de mermelada y hasta prendas íntimas con la foto de Guillermo-Alejandro y la futura reina consorte.
Fotos de Máxima y su sempiterna sonrisa en los bares, en las tradicionales florerías y en casi todos los comercios.
Las ceremonias comenzarán con la abdicación de la reina Beatriz y seguirán con la entronización de su hijo Guillermo-Alejandro, casado con Máxima desde 2002.
Aunque Máxima haya renunciado, al menos en los papeles, a su nacionalidad de origen, muchos argentinos sienten ahora el mismo orgullo que con la elección del cardenal Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, al frente del Vaticano.