06 de septiembre 2015 - 00:00
Comer bien, para correr mejor
Cada vez es más común que la gente se dedique a correr como un instrumento para mejorar el estado de salud, pero algo que hay que tener en cuenta es la alimentación que debemos realizar, tanto antes del ejercicio físico, como luego de llevado a cabo. Consejos de una nutricionista.
comer bien, para correr mejor

Correr, o hacer running, es un hábito que se registra cada vez con más frecuencia, por lo que es necesario tener en cuenta que un buen entrenamiento debe ir acompañado de un plan de alimentación que proporcione aquellas comidas que se deben ingerir para aportar la energía necesaria.

Según explicó la nutricionista Karen Cámera, "la ingesta previa al entrenamiento debe ser de fácil digestión, es por eso que debe ser baja en grasas".

Por ello, Cámera recomendó "evitar alimentos como galletitas, bizcochitos, facturas y fiambres grasos, entre otros" y dijo que "también debe ser baja en fibras, que se encuentran en cáscaras de frutas, cereales y panes integrales, ya que son sustancias que enlentecen el vaciamiento gástrico".

La nutricionista comentó que la ingesta "deberá constituir una buena fuente de carbohidratos (pan, barras y copos de cereal, vainillas, bay biscuits, turrones, etc.) y tener una pequeña proporción de proteínas: leche o yogur descremados, quesos magros (ideal menor al 12% de grasa) y fiambres magros (pavita, lomito, jamón natural, etc.)".

La combinación de carbohidratos más proteínas será importante para:

Prolongar el tiempo de saciedad.

Mantener la glucemia en valores normales: si comemos carbohidratos de rápida absorción (mermelada, azúcares, gaseosas, alfajores, etc.) la glucemia producirá un pico que luego disminuirá rápidamente, provocando la sensación de hambre y baja de energía.

Distribuir armónicamente las calorías.

Disminuir la degradación de proteínas y favorecer su formación (es necesario distribuir las proteínas en todas las comidas, ya que no tenemos depósitos en el cuerpo).

Cámera señaló que "una vez terminado el entrenamiento, comienza el período de recuperación. A mayor dureza del mismo, más agresiva debe ser la recuperación". Para que sea efectiva, es fundamental respetarla en tiempo y en calidad. Esta implica:

Reposición de los depósitos de glucógeno muscular y hepático.

Reposición de agua y electrolitos perdidos en el sudor.

Regeneración y reparación de las células musculares.

"Las estrategias alimentarias deben enfocarse en reponer los carbohidratos para disminuir el glucógeno consumido, ya que, si no se recuperan completamente antes del próximo entrenamiento, el rendimiento se verá perjudicado. Cuanto más se demore la ingesta, más se verá afectado el llenado de los depósitos de glucógeno", manifestó la especialista.

Cámera calculó que "serán necesarios 20 gramos de proteínas de buena calidad para aportar los aminoácidos necesarios para reparar las células musculares dañadas durante el ejercicio y para promover el desarrollo de nuevas células".

Algunas opciones de colaciones post-entrenamiento son:

Leche chocolatada más 1 banana.

Sandwich de peceto más jugo.

Yogur con cereales.

Licuado de frutas con leche.

Debe consumirse líquido, aunque no haya sed, para recuperar el balance hídrico y electrolítico y según la nutricionista "se debe beber hasta que la orina sea clara y abundante".

"Un buen consejo es consumir sodio (en bebidas deportivas y a través de los alimentos), no sólo para recuperar el sodio perdido sino también para ayudar a la retención de líquidos y estimular las ganas de beber", concluyó Cámera.