Varias son las consecuencias que trae aparejadas este problema:
Física: agotamiento, fatiga, anorexia o hiperoanorexia, resfríos a repetición, alteraciones del apetito, contracturas musculares dolorosas, cefaleas, hipertensión arterial, disfunciones sexuales, insomnio, trastornos gastrointestinales, arritmias cardíacas, colon irritable, irritación, sudoración.
Emocionales: agotamiento y labilidad emocional, irritabilidad, agresividad, ansiedad, rasgos depresivos, tristeza y desesperanza, actitudes rígidas e inflexibles, sentimientos de frustración laboral, miedo, inhibición.
Mental: pérdida de concentración y memoria, sentimiento de sobresaturación y paralización; indiferencia ante asuntos que se asumían con entusiasmo; concebirse no reconocido ni valorado; pérdida de confianza intelectual y del estímulo intelectual; fantasía de abandonar el trabajo o profesión.
Social: rechazo a la integración en el equipo de trabajo. Rechazo a las propuestas y directivas de los superiores. Rechazo y negación a toda ayuda propuesta con agresividad, aislamiento, cambio brusco del humor.
Valóricos: se pierde el sentido del accionar, se duda de la vocación, con frecuente falta de motivación, cinismo, apatía, hostilidad y suspicacia patológica. Con pérdida de los ideales altruísticos y desmotivación para el aprendizaje permanente.
Espirituales: se pierde la mística de la profesión o del accionar y hasta de la propia existencia, con percepción de abandono inclusive de Dios.
Las soluciones y algunas pautas para prevenir este inconveniente
Existen distintas formas de prevenir el desgaste laboral y soluciones para hacerle frente a este problema. El doctor Roberto Ré da algunas pautas de como prevenirlo:
En el equipo:
Expertos en la dinámica de grupos deben realizar la supervisión del equipo de trabajo.
Diálogo y reflexión permanente de las dificultades en el equipo de trabajo.
Activa modificación e intervención de los factores de tensión.
Ante las dificultades búsqueda de la excelencia resolutiva como también de la creatividad en forma permanente.
Acompañamiento y entrenamiento con cursos de capacitación permanente.
Personales:
Psicoeducación permanente a lo largo de toda la vida.
Técnicas de relajación y respiración.
Reestructuración cognitiva-comportamental.
Asertividad como hábito de vida.
Entrenamiento en resolución de problemas.
A la hora de tratar el problema, estas son las pautas a seguir:
Cuando los síntomas se expresan es necesario pedir ayuda profesional.
Cuando el tratamiento se inicia en forma rápida, más rápida es su recuperación y menor la incidencia de secuelas a mediano y a largo plazo.
Consulta psicológica, la psicoterapia individual siempre debe ser tenida en cuenta.
Realizar ejercicios respiratorios, posturales o simples caminatas.
Cuando el distrés haya alterado el sueño la normalización de este debe ser establecida en forma perentoria.
Modificar cuando sea el caso estilos de vida insanos por saludables.
Alimentación frugal, rica y variada.
Búsqueda permanente del sentido vital en clave de trascendencia espiritual.
La mejor Respuesta Terapéutica siempre esta asociada a la integración de todos los aspectos preventivos tanto personales como en el equipo.