La poliomielitis provoca parálisis del sistema nervioso, que puede ser más o menos extensa. Esto sólo ocurre en un 0,5-1% de los casos y cerca del 95% de los casos son completamente asintomáticos. Aunque estas cifras podrían dar la impresión de que la poliomielitis es una enfermedad de poca importancia en la mayoría de los casos, no es así. El que haya un alto porcentaje de casos asintomáticos permite que el virus se distribuya fácilmente entre la población, y de esa manera el número de casos de parálisis se multiplican.
Además, otro aspecto negativo de la polio es que no tiene ningún tratamiento efectivo, tan sólo se puede esperar a que la enfermedad pase y que las secuelas que deje sean las menos posibles.
La población más afectada son los niños menores de 5 años, lo que incrementa el drama que supone esta enfermedad para las familias, y también para los países afectados, que ven mermada su población más joven. El único método de control de la enfermedad es la vacunación. Gracias a la campaña de vacunación iniciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1988, la polio se ha conseguido erradicar en casi todos los países del mundo, tan sólo quedan unas pocas regiones del mundo donde el virus persiste con fuerza aún en 2013. Estas regiones se encuentran en Afganistán, Nigeria y Pakistán.
Hoy el virus parece que se extiende. El responsable de la poliomielitis es un virus que se conoce como poliovirus. Está formado por una estructura de proteínas que contiene material genético sencillo, en forma de ARN, explica el especialista español David Saceda. Hay tres tipos diferentes de poliovirus, pero no se han encontrado grandes diferencias en cuanto a su agresividad. El poliovirus se engloba dentro del grupo de los enterovirus, que incluye a otros virus como el Coxackie o el Echovirus.