Pasado el mediodía encaramos para una isla inundada por la crecida del río. Ruly, "cocinero oficial del equipo", se preparaba unos churrasquitos al disco mientras en ese momento nos calzamos los waders Waterdog con botas para pescar taruchas en los pantanos. Notamos movimientos en el agua que terminaron siendo cardúmenes de sábalos en los desbordes y no encontramos ninguna tarucha. Volvimos a la embarcación para almorzar y seguimos la marcha. Ahora si preparamos las
ranas antienganches Tech y las Spinit Highlander en formato rana con turbo hélice delantera, señuelos infalibles para pescar en los barriales llenos de vegetación donde mora la tararira.
Paramos en la entrada de un arroyo que caminando isla adentro se transformaba en una laguna toda tapada de vegetación. Si existía el cielo taruchero era ése. Pero claro, para llegar al paraíso había que caminar enterrados hasta la cintura en esa espesa vegetación. Pero valió la pena. Bastó mover un poco el agua con las ranas para tener ataques inmediatos.
Charly Geier y el niño Joaquín se entretuvieron de lo lindo practicando esta pesca mientras que Eduardo, tercer tripulante en esta travesía, al ver las dificultades de acceso al ámbito eligió la cómoda: volver a la lancha, tomar la Osaka y tirar una morena con un plomito pasante y leader. ¡Y tuvo premio!: el arqueo de la caña precedió a una clavada de cachorro, que si bien no era grande, sirvió para dar por concluido nuestro objetivo del Grand Slam que fuimos
a buscar: dorados, taruchas y cachorros en una misma jornada.
Nos divertimos un rato más con las tarus y Eduardo redondeó una faena con 3 cachorros adentro. Nada más le podemos pedir al rendidor San Pedro, que nunca nos deja zapateros. Agradecimiento: a Charly Geier de Kuarahy Pesca por su relevamiento y fotos.