“Tal vez cuando llegue a la Argentina, a Corrientes, ahí me dé cuenta de lo que pasó”, expresó el taekwondista radicado en Córdoba, que vive con sus padres y su hermano Mauro, también representante de la disciplina marcial.
“Queríamos volver con una medalla, no importaba el color. Y cumplimos. Por eso, antes de encarar la final, nos juntamos con Gabriel Taraburelli, su entrenador) y nos dijimos que se trataban de los últimos 6 minutos de esfuerzo, que debía valer la pena”, manifestó.
Ubicado en la denominada zona Internacional de la Villa Olímpica, Crismanich recibió saludos de los ocasionales transeúntes argentinos que pasaban por el lugar y lo hizo con sencillez, prestándose al diálogo ameno, sin tapujos.
“Acá no hay egoísmos, de verdad. Antes de empezar la con la preparación en México (el seleccionado de Taekwon do se entrenó en San Luis Potosí durante casi tres semanas, en la previa del comienzo de los Juegos), nos juntamos con Gabriel y coincidimos que había que mejorar su cuarto puesto en Sydney 2000”, explicó.
El correntino, que venció al neocelandés Vaughn Scott (95), al afgano Nesar Bahawi (91), al armenio Arman Yeremyan (21) y al apuntado García Hemme (10) en la instancia decisiva, remarcó que la competencia olímpica “es diferente a cualquier otra”.