MOSCU, Rusia.- Maximiliano Meza llegó al Rojo en un momento donde el libro de pases estaba cerrado. La lesión de Leandro Fernández allá por 2016 le abrió la puerta y las negociaciones fueron complicadas. En ese momento Maxi se destacaba en Gimnasia y su representante, Sergio Carrizo, no estaba dispuesto a regalarle nada a Independiente porque sabía que tarde o temprano al volante le esperaba jugar en un grande. Después de idas y vueltas el equipo dirigido en esa etapa por Gabriel Milito ejecutó la cláusula de salida y así Meza le vendió el alma al Diablo por 1.950.000 dólares por el 65% del pase que tenía el Lobo y cuatro años de contrato. El restante porcentaje lo conserva su representante.

El tiempo pasó, el volante se convirtió en figura y pilar del equipo que ganó la Sudamericana y ese rendimiento lo llevó a ser convocado a la selección. Por el mes de marzo ya se había comenzado a hablar entre la dirigencia del Rojo para elevarle la cláusula de salida a Maxi, la misma que alcanzaba los doce millones de dólares a veinte. Se veía venir que retenerlo iba a ser difícil. Incluso la convocatoria mundialista dio por tierra cualquier chance de hacerlo. Por eso la intención actual es ponerle una cláusula de rescisión de 30 millones de dólares para blindarlo y evitar su salida. Pero desde su entorno avisaron que en este mercado seguramente se va a alejar del club.