Este relevamiento refleja los frutos de dos jornadas de pesca. Una, por la tarde y en bajante, con un viento Norte de unos 15 km. La salida se hizo en una camioneta 4x4 bajando en el playón del faro de Punta Médanos para el lado Sur. Tan suave estaba el viento y cálida la jornada, que Fernández decidió hacer su bautismo de fuego con su pequeño hijo de 4 meses, Julián, que fue testigo de las hazañas de su papá: el pique fue excelente y salieron 14 bagres de mar de excelente tamaño, a tiro de caña. Pero el desafío fue subir la apuesta y hacer una buena pesca costera sin necesidad de vehículos de doble tracción. Entonces, al otro día Fernández y sus amigos Juan y el Flaco Pérez Domecq, ambos guardavidas de La Lucila del Mar, decidieron hacer otra salida. El viento Norte aumentó a 25 km la hora, y esta vez fueron con vehículo común hasta el playón del faro y de allí siguieron a pie con rumbo Norte, por la orilla, llevando los bultos necesarios para la pesca y pasar la noche. Tuvieron que caminar unos 600 metros, por lo que se recomienda economizar elementos innecesarios. La faena arrancó a las 22 armando el campamento en arena seca a unos 50 metros del agua, ya que la marea estaba en creciente y por la noche hay que tener más cuidados. Uno de ellos es poner los posacañas bien clavados y con una distancia mayor a la que los ubicaríamos durante una jornada a pleno sol, para evitar enredos con los compañeros. A propósito, conviene que los posacañas sean de paleta abajo y no sean clavados tan cerca del agua ya que si nos descuidamos un buen pique podría dejarnos sin caña. Otro tip importante: para una mejor visualización de la punta de la caña se pueden usar unas cintas refractarias de colores flúo, que acusan los piques con claridad. En esa idea, conviene también que el nylon sea flúo, porque al iluminar con la linterna de cabeza se ve enseguida cómo está la línea. Esto es importante porque los piques pueden darse por aflojadas (esto ocurre mayormente en creciente), cuando el pez come y levanta la plomada viniéndose para la costa. O bien por los clásicos tirones fuertes que acontecen en bajante, cuando el pez busca retirarse mar adentro.