Ya con líneas en el agua, pescando en una profundidad de 3 metros, notamos que muchas veces había pequeños toques y los filets de bagres veían comidos. 'Son bogas' sentenció Alvarado, quien nos dijo que la especie estaba presente por la gran cantidad de mejillón que hacían colonia en las piedras. 'Pesquemos bogas también, propuse. Y enseguida armé dos aparejos para esta especie, con masa y chorizo colorado como carnadas (ir provisto de varios cebos siempre nos permite estar cubiertos ante estas alternativas inesperadas). Así, empezamos a clavar muchas boguita de 1 kilo, mientras Alvarado seguía sacando amarillos para carnada. En eso, una de las cañas de dorado que estaba en un posacañas se arquea y la chicharra evidencia la clásica llevada del Tigres de los Ríos. La primera captura fue ora del pequeño Axel. Luego siguieron Alan, mi hermano y yo, en tanto el guía Alvarado y nuestro colega Santiago Carrasco -del programa Magdalena Pesca, que nos acompañó en esta salida-, no se quedaron atrás clavando también lindos dorados de 1 a 3 kilos.
Fue una racha de una hora a puro pique, foto y filmaciones para el recuerdo, donde incluso pescamos una corvinita entre la variada. Luego, se cortó un poco el dorado, aunque había esporádicas llevadas. Las bogas, en cambio, siguieron firmes. Al mediodía, con un calor extremo y ya sumando ocho dorados (que fueron devueltos) y un sinfín de bogas entre las que se destacó una de 2 kilos -que pescó el suertudo Axel ¡en una línea de dorado y con un anzuelo gigante!-, decidimos regresar al embarcadero.