De acuerdo a un estudio de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) el efecto se denomina “impuesto rosa”, y marca la diferencia entre el gasto masculino y el femenino.

P or el llamado “impuesto rosa”, las mujeres pagan hasta un 30 por ciento más que los hombres por algunos productos que consumen, reveló una investigación de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) dada a conocer con motivo del Día Internacional de la Mujer.

“Pese a que las trabajadoras ganan un 35 por ciento menos que sus compañeros, por igual tarea, a la hora de comprar determinada mercadería -generalmente relacionadas con la salud, juguetes, artículos de librería y el cuidado personal- deben desembolsar más dinero”, se indicó en el trabajo presentado ayer.

Esto ocurre aunque el producto sea el mismo: solamente por el hecho de estar orientado el marketing al público femenino aumenta su precio, señalaron quienes llevaron a la práctica la investigación de la CAME.

Por ejemplo, un desodorante a bolilla, de 50 ml, cuesta en su versión masculina 49 pesos y en su versión femenina, 51,70 pesos, habiendo una diferencia de 5,5% entre ambos.

Lo mismo sucede con el desodorante en aerosol: por un envase de 150 ml, ellos pagan 53,30 pesos mientras que ellas abonan 58 pesos. La brecha, en este caso, asciende al 8,8%.

Asimismo, un envase de colonia de 80 ml cuesta para las mujeres 96,60 pesos y 81,50 pesos para los varones (la diferencia es de 18,5 por ciento).

“En el caso de las maquinitas de afeitar, las distancias entre los precios dependen de su calidad, pero siempre será más cara la que está orientada al público femenino”, aseguró el trabajo de CAME.

Una afeitadora tres hojas 2 en 1 se consigue a 69,60 pesos en su versión femenina y a 60,90 pesos en su versión masculina. La diferencia es de 14,3 por ciento. La misma asciende al 29,6 por ciento cuando se trata de afeitadoras de tres hojas para pieles sensibles: $ 33,30 cuesta la “rosa” mientras que la “men”, $ 25,70.

Incluso, en algo tan delicado como los medicamentos existe esta discriminación de género. Una caja de ibuprofeno de 10 unidades cuesta $ 35,40, sin embargo ese precio sube a $ 37,28 cuando la presentación apunta al consumo femenino, muy requerido durante el período menstrual. Eso equivale a un 5,3% más.

Por otra parte, los productos de higiene femenina, como tampones o compresas menstruales, no están exentos de impuestos en Argentina, como sí lo están en Canadá, Irlanda y Kenia.

Pagan el 21 por ciento del IVA como cualquier otra mercancía, convirtiendo a la Argentina en uno donde estos elementos son más caros.

¿Por qué sucede esto? Desde CAME lo relacionan a que la mujer tiene menor poder de decisión en la compra y es por eso que las grandes marcas encarecen los precios.

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