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09 de diciembre 2012 - 10:35
TIPS
El pollo es una tradición en la mesa argentina: asado o guisado, siempre es un verdadero y sano manjar.

Cuando se hace pollo entero al horno, siempre conviene atarlo para mantener la forma y colocarle un limón cortado en su interior para que permanezca perfumado e hidratado. Le da muy buen sabor. Y más si se le agrega una hoja de laurel.

Los argentinos solemos preferir pollos grandes a la hora de adquirirlos en la pollería. Una de las razones es que posee más carne en relación a sus huesos. La desventaja, que posee más grasa que los pollos de menor tamaño.

El pollo que se prepara a la cacerola con una salsa específica (al verdeo, a la crema, etc.) puede pasarse por harina antes de dorarse en el caso de que deseemos que la salsa quede más espesa. Si la queremos más ligera, este paso debe ser evitado.

1 pollo se considera chico cuando su peso oscila entre 1,500 y 1,800 kg. Cuando supera los dos kilos de peso, el pollo ya se considera de buen tamaño. También hay pollos que casi llegan a los 2,800 kg y que son pollos grandes.

¿Qué porcentajes?

La pechuga de pollo sin piel posee un 1,2 % de grasa, mientras que la pata posee casi un 4%. La piel del pollo tiene mucha grasa, causa colesterol y es mejor evitarla. Conviene quitar la piel antes de cocinarlo y no después.

Más chico, mejor

Si bien un pollo grande tiene la ventaja de que puede alimentar a una familia numerosa, los cocineros recomiendan elegir los pollos más chicos, porque los más grandes suelen perder mucho líquido durante la cocción.

Mejor, la pechuga

Si bien los nutricionistas recomiendan consumir carne de pollo porque tiene menos grasa que otros cortes de carnes rojas, se refieren a la parte de la pechuga, que es la parte más magra del ave.