El bicentenario Museo Nacional, el mayor de historia natural y antropológico de América del Sur con más de 20 millones de piezas y una biblioteca de más de 530.000 títulos, fue arrasado por las llamas por causas que se desconocen.

Momentos de tristeza y tensión, con forcejeos entre manifestantes y policías, se vivieron ayer frente al Museo Nacional de Río de Janeiro, devastado por un incendio que colocó en primer plano el debate sobre los recortes presupuestarios en Brasil.

“No sirve solo llorar. Es necesario que el gobierno federal, que dispone de recursos, ayude al Museo a reconstruir su historia”, afirmó ante el devastado edificio el director de la bicentenaria institución, Alexandre Keller.

“Clamamos por ayuda. Que las personas se indignen por lo que sucedió acá. Parte de esta tragedia pudo evitarse. No sirve solo llorar. Ahora tenemos que actuar”, insistió.

Inaugurado en 1818, el Museo Nacional era el mayor museo de historia natural y antropológico de América del Sur, con más de 20 millones de piezas y una biblioteca de más de 530.000 títulos.

Vinculada a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la institución había sufrido recortes en la financiación, que le obligaron a cerrar al público varios de sus espacios, y estaba pendiente de recibir un patrocinio por valor de 21,7 millones de reales (U$S 5,3 millones de dólares) firmado en junio por el BNDES (el banco de fomento brasileño).

Pasado el mediodía, unas 500 personas concentraron frente a las rejas de la Quinta de Boa Vista, el recinto que alberga el museo en el norte de Río de Janeiro, para protestar contra los recortes que habrían retrasado la modernización de los dispositivos de seguridad.

Algunos manifestantes protagonizaron forcejeos con la policía y arrojaron algunas piedras, constató un fotógrafo de la AFP.

Cuando los manifestantes consiguieron abrir las rejas, la policía se retiró y les permitió el ingreso hasta el jardín que da acceso al edificio, que ocupa una superficie de más de 13.000 metros cuadrados.

Entre cantos de protesta contra el gobierno de Michel Temer, los manifestantes, entre los que había investigadores y estudiantes, escenificaron un “abrazo” al edificio en forma de cadena humana.

El siniestro se declaró el domingo hacia las 19.30 locales por causas por el momento desconocidas, cuando ya había cerrado las puertas al público. Sus cuatro vigilantes consiguieron salir y no se ha dado parte de víctimas.

Pero las llamas se extendieron rápidamente por sus tres plantas, que contenían materiales altamente inflamables. La veintena de cuarteles de bomberos movilizados tardó seis horas en controlarlo.

Según medios de prensa, ese despliegue encontró serios problemas de logística para actuar rápidamente. La asesoría de comunicación de los bomberos se abstuvo hasta ahora de cualquier comentario al respecto.

Visiblemente chamuscada, la fachada del imponente edificio resistió a las llamas, pero poco quedó en el interior. Los hierros retorcidos y los escombros se acumulan en la planta baja, el techo desapareció y una de las alas del segundo y del tercer piso se derrumbó.

Luis André Moreira, coordinador técnico de defensa civil de la alcaldía de Río Janeiro, descartó un riesgo inminente de “colapso estructural” de la fachada; en el interior del edificio, en cambio, “existe riesgo de derrumbe” de paredes internas y partes de los suelos que no cayeron durante el incendio”, dijo a la AFP.

Por la mañana, los bomberos empezaron a ingresar con prudencia en las ruinas del edificio, para verificar si aún se podía “salvar algo” de su inmenso patrimonio, dijo a la AFP un portavoz del cuerpo.

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